Enter your keyword

ARTÍCULOS

2016, un año sin brillo pero con diálogo

Pese a que la economía no arranca, la paz y la cordura fueron la marca del nuevo Gobierno, mientras el kirchnerismo residual, todavía autoritario, agoniza. Eso merece que nos alegremos

Por Julio Bárbaro para Infobae

Otro año que finaliza, éste entre Ganancias y Milagros Sala. Eso sí que es un cambio profundo, el dialogo derrotó al rencor. A los que decían que Macri es de derecha, en Ganancias con toda la cordura de la democracia les dio una clase de política. Los que hace apenas un año imponían leyes a las que nadie le podía modificar ni una coma, al autoritarismo decadente y estalinista, ese que nos perseguía a todos como enemigos, esos ahora se retiran derrotados por la historia. Dicen que ofendidos -deberían decir humillados- por una sociedad en paz a la que ellos intentaron dominar, imponer sus crueles designios de burocracia autoritaria y corrupta. El dialogo se impuso al odio, de los grandes discursos en cadena ya no queda nada.

Y Milagro Sala como bandera es trasparente, representando una mezcla de marginalidad con justicia social y corrupción. El gobernador de Jujuy era peronista, el Gobierno lo cuestionaba convencido que en el caos habitaba el germen de alguna revolución. Supuestos defensores de Derechos Humanos que en tiempos de la Dictadura eran jueces o colaboradores. Esos intentan que los organismos internacionales les devuelvan un prestigio que aquí ya perdieron para siempre.

Ganancias fue un espejo de la nueva sociedad. Debatimos como nunca y exageramos como siempre. El proyecto de cada uno salvaba al país, el del otro lo mandaba a la quiebra. Macri se enojó y le grito a Massa, luego lo esencial era si comieron sushi o no. Las broncas duran poco y vamos al acuerdo sin rencores. Tenemos suerte, nadie es mayoría, no tenemos ningún salvador de la patria que nos hunda un poco más en el atraso.

Son cuarenta años de desintegración social, y para los que nacimos en una sociedad signada por el sueño del progreso este atroz miedo a caerse del sistema es una patética novedad. Con el cuento de la globalización unos pocos se quedaron con todo y demasiados se van quedando sin nada. Los economistas hablan de todo menos de la concentración económica. Mientras las ganancias de los grandes no tengan límites tampoco los va a tener la miseria de los que se caen del sistema. Y de eso no se habla.

Nuestra corrupción es tan exitosa que ya juega en las grandes ligas, alguno va a contar a quien le tenía que pagar los retornos progresistas. Los fanáticos intentan demostrar que el Gobierno también tiene lo suyo, es posible, claro que al menos no lo hace en nombre de los Derechos Humanos, el peronismo y la justicia social.  En rigor, de Menem para acá, la venta de las empresas del estado a grupos extranjeros sólo fue posible por la corrupción del poder. Las grandes empresas surgen asociadas al poder político. La corrupción en esencial en eso, la parte que los grandes grupos le pagan al poder político de turno para saquear las riquezas del país. Y el resultado está a la vista, la miseria va invadiendo el paisaje de nuestras ciudades, y de nuestras vidas.

Demasiados políticos y sindicalistas, funcionarios varios, son parte de la nueva clase de ricos, y más ricos de lo que podamos imaginar. Cuando los kirchneristas denunciaban a la oligarquía lo hacían de envidia, y finalmente lograron compartir sus espacios de bonanza. Cada gobierno da un conjunto de nuevos ricos y unos millones de nuevos pobres. Somos uno de los pocos países del mundo que viene cayendo en todo, será cuestión de averiguar por qué.

Algunos intentan el cuento de que Brasil y Argentina fueron derrotados por las derechas por su voluntad transformadora. Demasiado absurdo. La corrupción existía en ambos casos y era ilimitada, podemos discutir si sus Presidentas estaban o no al tanto, si participaban o lo ignoraban. En ambos casos la excusa de la derecha es insostenible. Chile y Uruguay tienen gobiernos progresistas y no tienen denuncias por corrupción. Será importante no tenerla, en ese caso no se necesita la justificación ideológica.

El gobierno de Macri tiene sus aciertos políticos y sus fracasos económicos. El peronismo va a tardar mucho en curarse de las heridas que le infringió el kirchnerismo. La ventaja esta en haber recuperado la democracia, y con un gobierno de centro-derecha que deja libre el espacio para una alianza de centro-izquierda. Como en Uruguay y en Chile, peronistas y radicales habitarán en ambos espacios. Es hora de construir estructuras políticos permanentes, más ligadas a las ideas que a las personas.

Los que imaginan que los inversores extranjeros nos devolverán un destino, esos son los que hoy gobiernan. Los que creemos que solo poniendo limite a la concentración podremos integrar a los caídos, esos somos el eje del otro campo. Afuera quedaron los que no respetan el valor de las instituciones, los que encuentran en la idea del enemigo la única razón de su existencia. Están en vías de desaparición, o de retornar al lugar de minoría del que nunca pudieron salir por su propio talento.

Lo de Aerolíneas llama mucho la atención. Al Gobierno no le sobran exitosos como para cuestionar a uno de los más eficientes de sus funcionarios. Todo poder genera su “entorno”, y la función esencial de esos sitiadores del Jefe es celar a los subordinados con futuro. Pareciera que en eso estamos. Demasiados incapaces para que alguien que maneja lo que parecía inmanejable pase desapercibido. Hasta que la supuesta lealtad y la conocida obsecuencia no dejen lugar al talento y el prestigio, los gobiernos no lograran salir de la mediocridad.

Macri no deslumbra, la oposición tampoco brilla demasiado, minorías obligadas a negociar, a dialogar, a respetarse. Ya sabemos lo dañinas que suelen ser las mayorías absolutas y los presidentes salvadores de la patria. Estamos frente a un gobierno en minoría, una dirigencia política débil es la base de gestación de una consciencia política comprometida. La paz y la cordura fueron la marca del nuevo gobierno. Los duros agresivos agonizan. Estamos en un buen momento para recuperar la esperanza en un futuro de progreso. Y eso merece que nos alegremos. Una navidad con más paz que la anterior, esperemos que la próxima sea también con más justicia social. Es lo que necesitamos.

 

 

Publicado el 25 de diciembre de 2016.

Link original