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Alarma la falta de racionalidad del Gobierno

Habría una lógica indiscutible cuando un economista o un pariente intelectual te dicen que la inflación es el fruto de gastar más de lo que producimos.

Por Julio Bárbaro para Infobae
Estamos todos de acuerdo. Ahora, hay otra lógica más concreta y desagradable que dice que si producimos lo mismo pero algunos tienen mucho más y otros tienen mucho menos, la distribución de la ganancia algo tiene que ver. La distancia entre el que más tiene y el que menos tiene es, en los últimos cuarenta años, lo que más creció.

Mauricio Macri dice combatir la pobreza desde su convicción de que la concentración económica no molesta, no daña, es buena. Mientras otros, entre ellos yo, pensamos que va a terminar elevando aquello que promete combatir. Entre el marxismo que quería dividir todo y los liberales que sueñan con quedarse con todo, en medio de esos extremos transita el mundo. Se habla poco de los países nórdicos, como de todos aquellos que generen éxito sin pasar por las horcas caudinas del mercado desbordado. Desde la revolución industrial en Inglaterra hasta la socialdemocracia hay un largo camino con debates y sublevaciones que terminan en una Europa integrada. Con darse una vuelta por Estados Unidos y ver a los caídos deambulando como fantasmas, luego ir a Europa y encontrar una sociedad de bienestar, con ese solo viaje alcanza para definir la situación del mundo y del ser humano en él.

Somos una sociedad indefensa que recibe los supermercados franceses que ellos no permiten operar en París. Ellos defienden el pequeño comercio, son una sociedad pensada, meditada, racional, que limita al grupo grande en su vocación de destruir a los pequeños comerciantes. Esa lógica es indiscutible, les permitió mantener a la mayoría de sus habitantes dentro del sistema. A los estadounidenses no les molestan los caídos, Europa se hace cargo de ellos. Recorrer Londres, Roma o París lo muestran, el resto es conocido. Y ni hablemos de Israel, donde el socialismo de los kibutz, el mercado y el Estado compiten en su exigencia de perfección. Una sociedad donde la racionalidad se impone y la convierte en eficiente.

Cristina y los Kirchner se habían apropiado de las banderas del peronismo, como los gobernadores y los sindicalistas. Como dijo Beatriz Sarlo, el peronismo fue en nuestra sociedad el impulsor del Estado de bienestar. Juan D. Perón negoció con la guerrilla, pero esta nunca superó la limitación del marxismo, y le impuso ese virus en su versión resentida y decadente al oportunismo de los Kirchner. Muchos robaron con la foto de Perón, hagámonos cargo, y también lo enfrentaron. El Perón del 55 fue derrotado por confrontativo, el del retorno se abrazó con Balbín y convocó a todas las fuerzas políticas. Néstor y Cristina eligen a los que el General echó de la Plaza, gente que jamás asumió una autocrítica y que, salvo la violencia, no aportaron ninguna idea digna de ser rescatada.

Si detenemos la inflación permitiendo a las grandes empresas que ganen sin límites y obligando a los ciudadanos a pagar tarifas superiores a sus posibilidades, si seguimos en esto, no sucederá lo que propone el nefasto Raúl Zaffaroni, pero no tenemos por delante, en mayor o menor plazo, más que el incremento de la miseria y el riesgo de un nuevo default. Cuidado, esto no implica asignarle razón alguna al cristinismo, era un camino al precipicio, solo que los nuevos imaginaban una salida que ya está claro que no existe. Recorrer el mundo buscando inversores está más cercano al ridículo que a la política, parecido a nombrar en los Estados Unidos a un embajador especializado en la venta de limones. Lo malo de los empresarios está en su limitación mental, tanto pensar en ellos mismos que terminan reduciendo al ser humano al mercader que Cristo expulsó del templo. Eso algo tendrá que ver con la bronca con el Papa.

La salida no está entre la agresividad frívola de Cristina y las inversiones que no llegan de Macri, la realidad no está entre el marxismo que genera dictaduras o el liberalismo que produce miseria. La salida tiene que ver con la racionalidad, con pensar un país, qué produce y qué consume, qué vende y qué compra, y cómo sale de sus deudas, pero también cómo impide que los grandes grupos destruyan las mismas redes de la sociedad. Los chinos inventaron un capitalismo que compite controlado por un Estado marxista y les funciona tan bien que son los que más crecen en el mundo. Las ideologías son instrumentos, la sublevación del payaso de Zaffaroni no llegará jamás o, si lo hace, será el mismo día que los inversores que espera Macri. Claro que del otro lado está Jaime Durán Barba, ambos son patéticos.

La racionalidad es el único camino y se genera entre todos, aclarando que el Estado, la política, deben imponerles límites a las ganancias de los grandes grupos que hoy nos saquean y no a los ciudadanos que agonizan. Macri debe aceptar que ser presidente implica serlo al servicio de los débiles y parándoles el carro a los fuertes. Hasta ahora hace todo al revés, por eso no acierta con la salida. Que los otros sean peores es un consuelo para tontos y no le sirve a nadie. Necesitamos la racionalidad que oriente a la política y ocupe el lugar que le corresponde, no ese que hoy ocupan los que sueñan con los inversores y la magia de los mercados. No es un sueño, solo una pesadilla de la que necesitamos salir. No por izquierda ni por derecha, ni mucho menos retornando a los anteriores, solamente asumiendo el camino del sentido común, que no es poco. Si sale bien o mal parado contra Hugo Moyano, es secundario, no necesitamos un presidente que dé muestras de fortaleza, necesitamos que exprese lucidez y voluntad de justicia con los que menos tienen. Y ese presidente, por ahora, no lo tenemos.

Publicado el 18 de febrero de 2018.

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