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Alfonsín, el mejor presidente de la democracia

Fue una dura noche, el candidato Ítalo Luder me pidió que bajara a hablar con los medios y aceptar la derrota.

Por Julio Bárbaro para Infobae.

Una oficina en la calle Reconquista, clima de asombro, la mayoría no lo esperaba. No había tantas encuestas y era una elección pareja. El peronismo arrastraba demasiadas culpas, el final de Isabel, la guerrilla y un candidato demasiado distante de la gente. Más de uno supo decirme: “Alfonsín parece más peronista que Luder”.

Había temas claves que el radicalismo asumió como propios, los derechos humanos fueron sin duda una decisión acertada. Las derechas seguían vigentes, con mucha vitalidad, las Fuerzas Armadas todavía no habían ingresado a su etapa de disolución y estaban todas más cercanas al peronismo.

Justo triunfo, fue sin duda el mejor presidente de la democracia. Es cierto que no tenían el poder suficiente para imponer su concepción de las instituciones, y además cometieron errores absurdos como el intento de una ley sindical que les ofrecía un enemigo sin proponerles ningún logro. El Juicio a las Juntas fue un hecho trascendente, más aún cuando se realizaba desde las instituciones sin caer en el error de los Kirchner de devolverles un lugar a los violentos. Era un proceso que pacificaba, no una venganza sin autocrítica.

Raúl Alfonsín había sido el cuestionador de Ricardo Balbín, eso lo dejaba en un espacio donde no valoraba el acuerdo con Perón, una coordinadora que soñaba con ser una alternativa socialista, un buen rumbo sin tener en claro las dificultades. Para mi gusto, demasiado europeos para ser radicales. La coordinadora expresaba un progresismo serio y sin contenidos violentos, la convocatoria a los intelectuales fue sin duda la más respetuosa de su aporte. Luego, el sueño del “tercer movimiento histórico” los dejaría sin aire para entender la coyuntura. Una cosa importante, no eran “gorilas” como luego serían los del PRO, tenían propuestas, no intentaban como ahora convertir un resentimiento en ideología.

El conflicto del Beagle puso sobre la mesa dos visiones de la democracia, tanto Saadi como los Kirchner estaban en sostener la provocación, fuimos contados los peronistas que los acompañamos. A veces se olvida que si no hubiera sido por la Iglesia, nuestro destino sería todavía más ruinoso de lo que es. Una confrontación con el país hermano era más grave que lo que nuestros militares fascistas liberales imaginaban. A veces, cuando se culpa al peronismo, los que lo hacen reivindican la ideología de todos los golpes, intentan sacar el fascismo de la estructura militar y asignárselo al peronismo, una forma de negar de qué lado estaban ellos.

Alfonsín fue sin duda el mejor presidente de la etapa, luego vendría Carlos Menem con su versión liberal a completar la tarea que Martínez de Hoz había iniciado y Domingo Cavallo era su fiel continuador. Pareciera que hoy el PRO intenta ser el tercer gobierno “liberal de mercado”. Lo cierto es que Alfonsín fue el único gobierno con logros tanto en reconstruir las instituciones como en los derechos humanos. Sus conflictos económicos fueron complejos, pero no generaron ni endeudamiento ni venta de patrimonio como lo harían los posteriores, hasta el desastre actual.

La Coordinadora fue su estructura política, ella engendró su espejo en la renovación peronista, y ambas partes de esa generación van a terminar en un rotundo fracaso, con demasiados candidatos sin poder siquiera instalar a uno de sus hombres como presidente. La democracia iría luego acompañada por la venta del patrimonio y la multiplicación de la pobreza. Pensemos que con Alfonsín votamos por menos de un millón de cajas pan, el primer subsidio que nace a la par de la miseria que Martínez de Hoz y Cavallo engendran. Y hoy estamos en millones de pobres, y con un nuevo gobierno del mercado que continúa achicando al Estado para fortificar los monopolios y terminar de empobrecer la sociedad. Un gobierno que transfiere de los ciudadanos a los grandes grupos, en eso estamos hoy.

Alfonsín no pudo instalar una democracia progresista, luego la decadencia de Menem destruirá para siempre las bases de una sociedad integrada. Aquella obra desarrollada por los conservadores, los radicales y los peronistas en complejo pero digno desarrollo. La miseria de las mafias y los negocios se instala después de su caída y nos sigue gobernando hasta hoy.

Raúl Alfonsín fue el último político con vocación de instalar al Estado por sobre lo privado; el resto ni siquiera lo intentó. Fue el último presidente con formación y pasión por la política. Más tarde vendría el tiempo de los aventureros que decían tener partido pero era solo una excusa para arribar al poder. Alfonsín fue el último del que tenemos mucho para aprender y respetar.

Publicado el 31 de marzo de 2019.

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