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Buen año para la democracia pero malo para la economía

Lo positivo de este 2017: hay diálogo entre los políticos y surge una oposición capaz de acompañar al oficialismo. Pero el mal manejo económico del Gobierno es insoslayable.

Por Julio Bárbaro para Infobae

El discurso que marcó  la rentrée de Cristina en el Senado definió como siempre la escasez de las ideas cubierta por el exceso de agresividad. Poco democrático, demasiado autoritario, un final a toda orquesta para seguir perdiendo seguidores.

La decadencia es como la enfermedad: los que más la niegan son sus portadores. La supuesta izquierda intentaba impedir el debate (durante su gobierno jamás lo había permitido), mientras que “la derecha” intentaba devolverle su función al Congreso, esa que el sectarismo disfrazado de revolucionario le había limitado al ser mayoría absoluta. No querían debatir: los dogmas no suelen permitirlo. Se tentaron con el sueño del caos, esa realidad es la proyección de sus conciencias.

Una cosa es segura: el pasado se aleja y el presente no logra instalarse. Los gobernadores y buena parte de los senadores aprobaron los proyectos oficiales, algo importante para que no digan que no se los deja gobernar. Que ellos no tengan claro el rumbo no es ni debe ser un problema de la oposición, que hasta el momento está muy lejos de ser una opción política. Me gusta la pasión por el gradualismo: uno suele ir despacio cuando no sabe adónde ir.

Hay grupos que sueñan con el estallido social; no soportan la democracia, nunca volverán por las urnas y les cuesta asumirlo. Hacen daño a la sociedad, pero también a su propio sector. No son opción para nadie. El peronismo era una expresión de la clase trabajadora, el kirchnerismo lo es de los subsidiados, la verdad es que no tienen nada que los asemeje.

Una confirmación en el este 2017: los partidos políticos no tienen vigencia, surgen personas con ideas que los sustituyen, y hasta el mismo Gobierno debió revalorizar su ala política. Los gerentes administran la bonanza, en la crisis se necesita el talento de los creadores.

No tenemos un problema económico sino esencialmente político, la concentración de la riqueza y la desnacionalización de las empresas nos dejan en un modelo de sociedad que sólo genera deuda y pobreza. Las ganancias de las privatizadas son superiores a las riquezas que genera la misma sociedad.

Demasiadas prebendas siembran miseria y gobernar implica ponerle límite a los poderosos; para el gobierno actual es unicamente exigirles más a los ciudadanos. Para el anterior se resolvía con subsidios y empleados públicos. Son muy distintos, claro que solo expresan dos caminos al fracaso.

Un año que nos aleja del pasado sin ofrecernos un presente digno. Se consolidó la democracia, el caos amenazó y metió miedo (claro que también desnudó la impotencia de su amenaza). El Gobierno definió sus limitaciones y perdió consenso entre sus votantes.Los gerentes se bajan de la omnipotencia y la política recupera su lugar central. El debate surge como expresión de nuestros conflictos. Cristina habla sin mencionar que durante su corrupto reinado no funcionó el Parlamento, que no les permitía cambiar una coma del proyecto oficial. Ahora pretende dar clases de democracia.

Del otro lado dicen estar saliendo del populismo y el estatismo, saber de dónde salen no implica conocer adónde van.

Lo positivo: recuperamos la democracia, hay diálogo y surge una oposición capaz de acompañar al oficialismo. Perdieron los violentos pero hasta ahora los que ganaron no entendemos hacia dónde nos quieren llevar. Pareciera que ellos también lo ignoran.

Publicado el 31 de diciembre de 2017.

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