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Ceguera oficial ante los problemas económicos

El Gobierno deposita su fe ciega en el mercado, es una convicción inalterable.

Por Julio Bárbaro para Infobae

La realidad se vuelve a veces complicada y otras, patética, pero la fe, cuando es ciega, no suele alterarse con los resultados de sus prácticas. Ellos imaginan ser la modernidad, fueron educados para administrar un sistema colonial. Son los gerentes del imperio, en consecuencia, nos reducen a la producción de pocas cosas y a la miseria de demasiada gente. ¿Cuándo vamos a poder medir los resultados? Podríamos afirmar que en corto plazo el número de la pobreza será el único dato indiscutible de los logros oficiales. En su demencia piensan, imaginan, que el mercado va a resolver la miseria que genera y los pobres quedarán como testigos del terrible fracaso de la codicia cuando se hace cargo de una nación. Cristina implica un pasado agresivo, genera un rechazo que sin duda asegura la continuidad del Gobierno actual. La sociedad está metida entre dos fracasos, el del pasado, extraviado y pretencioso y el del presente, más suave pero más dañino. Vivimos en la desesperanza, en esa angustia que acompaña a la vida cuando pierde su sentido esencial, su misma razón de ser. Las encuestas dicen poco y nada, la calle es una muestra viva de la sensación que soportamos. Hay una parte, los de arriba, convencidos de haber logrado imponer su proyecto. Como si fuera la primera vez, olvidan cuántas veces sembraron pobreza: en sus versiones dictatoriales o democráticas, con Martinez de Hoz o con Domingo Cavallo; siempre vendieron patrimonio y multiplicaron la deuda. Uno sabe cuándo gobiernan ellos, es cuando las tasas de interés son mucho más rentables que el esfuerzo productivo. Lo malo es el espejo del pasado, esa descripción del populismo o el sectarismo de Cristina, esa falsa izquierda que siempre engendra un gobierno fuerte y de derechas.Volvimos a exportar el cuero y comprar los zapatos. Todo importado, el cerdo o lo que fuera, gobiernan los intermediarios, esos que llaman “inversión extranjera” a la venta de cualquier pedazo de nuestra geografía. Los países necesitan de los empresarios y los obreros, de los sectores productivos que generan riqueza y dan trabajo, aquellos que expresaron el radicalismo y el peronismo, y asimismo muchos conservadores y liberales nacionales. Porque lo importante no es la ideología sino la defensa del interés colectivo. Y tuvimos peronistas “vende patrias” tanto como traidores de todos los orígenes. Perón nacionalizó los servicios públicos, mientras que Menem, Cavallo y Dromi los regalaron: hoy sus propietarios acumularon fortunas simétricas a la deuda que tiene el Estado por esa demencia. Néstor y Cristina exageraron los subsidios, Macri exagera las ganancias, entonces la desazón y la miseria miden las consecuencias. El peronismo no puede sobrevivir sin asumir sus atroces errores, esa traición no se oculta exagerando los derechos humanos de los setenta o asumiendo consignas de viejas y agotadas izquierdas. Ser nación va mucho más allá de ganar una elección, de alegrarse con los errores del Gobierno imaginando que a nosotros nos toca de nuevo. Amontonar funcionarios sin asumir la autocrítica implica volver a ubicar la ambición en el lugar de la propuesta. Demasiados personajes menores enriquecidos por el poder ocupan hoy el lugar que le corresponde a una dirigencia enamorada del sueño de trascender. Perón solía decir: “Hay jóvenes de ochenta y viejos de veinte” y eso nos pasa hoy. Necesitamos de una generación de jóvenes dispuestos a recuperar un proyecto nacional y popular, decidida a imponer el poder del Estado sobre el de los grupos extranjeros y nacionales concentrados, a enfrentar a los saqueadores de nuestra riqueza y no a torturar a nuestros desprotegidos ciudadanos. Cuando se incrementa la deuda y se achican las ganancias, cuando tener el dinero en el banco es más rentable que producir, cuando los intermediarios y los parásitos aplastan a los que trabajan, es que nos gobiernan los gerentes formados en el extranjero para reducirnos a colonia. Ellos creen que hay “colonia próspera”; sin embargo, nosotros sabemos por experiencia que eso es una falacia. Ni Macri ni Cristina nos pueden sacar de esta decadencia, intentemos gestar una opción que lo haga. Es un desafío de la historia y una obligación ineludible.

Publicado el 29 de abril de 2018.

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