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PRENSA

“Cristina nos llevaba a la decadencia, Macri nos conduce a la frustración”

Sereno. En el departamento que alquila en Barrio Norte, Bárbaro cuenta que se siente “en paz” y repasa su medio siglo de militancia dedicado en plenitud a la política. 

Por Osvaldo Pepe para Clarín.

-¿Hay quienes quieren voltear a Macri?

-No. Los que hace dos años nos querían convertir en Venezuela hoy son minoría y siguen soñando con destruir la democracia, pero son cada vez menos y hay que marcar eso.

-¿Qué opina de la actitud de Bonafini?

-Hebe merece respeto por su pasado. Ella misma, con discursos como el de la Plaza, se fue ocupando de desvalorizar cada día más su palabra. Sólo pelea por copar un acto.

-¿Pero un acto así más los cortes diarios no dan la imagen de un gobierno sin reacción?

-En 12 años el kirchnerismo no dio señales de querer “limpiar la calle”. Hay que poner condiciones y acordar que no se corten más las calles. Hacer una política de Estado con la oposición y decir desde hoy no hay más cortes.

-Suena voluntarista…

-No lo es. Juntamos a todos los políticos, que el Presidente los convoque y se decide: desde mañana no se corta más, los riesgos y las consecuencias los pagamos entre todos. Así salimos de ser un país absurdo. Yo discutí con Kirchner lo de los cortes, él no los quería eliminar porque para ellos la marginalidad era un componente de la conflictividad, que les permitía cierto rumbo.

-¿Veía los cortes como un negocio político?

-Sí, para Kirchner eran un negocio político. El tenía un solo miedo, que era el miedo al muerto, al costo de un muerto. Eso lo discutía con él, porque ningún país del mundo perdió el orden por miedo a un muerto. El orden es una realidad de la humanidad y los riesgos del orden son también del ser humano. Punto.

-¿Y por qué Macri no se anima a ese orden?

-Hasta el momento, lo que veo es su falta de voluntad de unión nacional. Eso le impide hacer aquellas políticas que exigen la unidad nacional. El no quiere juntarse, va con Massa a Davos, descubre que se pueden hacer leyes que no soñábamos y después deciden que confrontar con Cristina es mejor que favorecer la democracia. La idea de ser mejor que el peor los enamoró. Entonces, decir soy mejor que el pasado es una trampa, porque eso no te hace mejor que el futuro.

-¿Usted ve la mano de Cristina en algunas protestas, como la docente?

-No haber soñado ni aceptado nunca la derrota, convierte al kirchnerismo en un sector irascible. No le pongamos una conspiración, pero sí un resentimiento. No da para conspiración, tienen bronca y hacen lo que pueden para molestar, se les achica el sueño de que Macri caiga.

-¿Le conviene a Macri polarizar con la ex presidenta, sobre todo en la Provincia?

-Lo que pasa es que la opción a Cristina opositora es la unidad nacional. Y entonces prefieren a Cristina opositora. Vos hablás con ellos y te dicen “a mí no me gusta Massa”. Y yo digo bueno, la oposición no es lo que vos elegís, sino lo que la realidad expresa.

-¿Quién es más responsable de la crisis, los políticos, los empresarios, los sindicatos?

-Es una sociedad que no dio dirigencia. Los países no son riqueza pura. Además, necesitan dirigencia. Entonces, vos vas a Uruguay, hay unos tipos que eran Tupamaros, guerrilleros, fueron de un talento, de una honestidad, de una transparencia, que llegaron a ser poder político. Ellos tenían a Líber Seregni, nosotros a Milani; ellos tenían a Mujica, a Huidobro y nosotros a los muchachos de Firmenich, que hicieron La Cámpora, para cantar no sé qué. Lo malo de la Argentina es que se construyó una clase dirigente que se enriquece a partir de empobrecer la sociedad. Eso es compartido por los políticos, los sindicalistas y los ricos de todo tipo. Acá la dirigencia destruye la sociedad.

-¿Qué responsabilidad tiene el peronismo?

-Yo digo que desde Menem para acá, el peronismo de Menem y de Kirchner fabricó un crecimiento de la pobreza. Es un número que se ve en la estadística, ese 32% de pobres.

-¿Usted está diciendo que el peronismo generó pobreza?

-En Alfonsín hubo una pelea por impedir el crecimiento de la pobreza, pero no pudo. En Alfonsín hubo impotencia, en Menem hubo destrucción del trabajo y la producción. Con nombre de peronismo, pero ideología liberal. O sea, esa ideología que hoy nos imponen, ya la impuso Cavallo. Entonces, que el peronismo haya contenido al liberalismo con Menem y al resto de viejas izquierdas con los Kirchner, lo hace responsable. Ahora, el verdadero peronismo, el de Perón, dejó el 5% de pobres. Veinte años después no habían podido destruir aún aquel país del 55, que era una esponja que absorbía la marginalidad.

-¿Qué imágenes tiene de aquella época?

-Yo me crié en una ciudad donde no había caídos, hoy vivo en una sociedad donde la miseria invade la ciudad, donde los caídos los tropezás cuadra por cuadra. Chiquilin de Bachín se escribe en un contexto. Yo iba a cenar a Bachín, siendo taxista, y había un chico que venía con una mujer, que vendía violetas y pedía. Eso nos conmovía, que un chico pidiera. Había uno. Era una rareza. Hoy tendríamos que escribir para una multitud.

-Lo vuelvo al presente. La economía no termina de arrancar, ¿Macri está desperdiciando una oportunidad?

-Ya la desperdició.

-¡Epa!, ¿así nomás?

-Sí, ya la desperdició. Macri no entiende dos cosas. El cree en la concentración económica, yo le he dicho que por cada Farmacity cierra una farmacia, es una familia de clase media que pasa a ser de clase baja: esa familia de clase media, dueña de una farmacia, que pasa a peón de farmacia. Eso es destruir la trama de la sociedad, pasa lo mismo con los supermercados y los almacenes de barrio.

-¿Y eso es culpa de Macri?

-Macri cree en eso y no toma conciencia de que el drama de la Argentina es la acumulación y la ganancia de los grandes. No el no pago a los chicos. Vos no podés decir que peleás contra la pobreza y la inflación subiendo las tarifas cada 90 días. Y otra cosa que le dije a Macri, es que no tiene que haber más de tres licencias a nombre de un taxista. El taxista es un clase media integrado. Una tropa de taxi construye un montón de empleados resentidos. Esto de sacarle ganancia al derecho de la gente, esto de comprarles los bares a los gallegos y ponerles un nombre inglés, esto de convertir los quioscos en cadenas …Si eso no es decadencia, que me lo cuenten. Esa destrucción de la sociedad no la hizo Europa, por eso tienen identidad. O sea, nosotros tenemos un liberalismo subnormal.

-¿Se sale de esto con inversiones, como repite el Presidente?

-Es irracional pensar que las inversiones definen el rumbo de una sociedad. Es llevar los negocios a un nivel de exacerbación tal, que son los que piensan la humanidad. Entonces, para ellos la vida es una góndola en la que vos transitás con una tarjeta de crédito en la mano: te la dan en el bautismo y te la quitan en el cementerio. Digo, esa es la idea. Yo creo que Macri ya se pinchó, pero lo único que es complejo es pensar que Macri es la derecha y Cristina es la izquierda. Ahí está el bolazo central, son dos derechas, Macri tiene la ventaja de ser más democrático. Cristina nos llevaba a la decadencia y Macri nos conduce a la frustración. Pero por lo menos Macri no desarrolla la violencia como eje de su poder. Ahora, yo creo que un CEO, un gerente, es un empleado y la política no es para empleados, es para individuos que tengan el sueño de resolver lo colectivo.

-¿Macri tiene ese sueño?

-No lo tiene.

-Pero usted lo apoyó…¿está desencantado, frustrado o enojado?

-Ojo, que yo lo volvería a votar…

-¿Lo volvería a votar después de todo lo que está diciendo?

-Es que lo veo a Zannini…y me digo, yo dejé de ser Venezuela, ahora paso a ser un capitalismo en crisis. Pero pienso en lo que pasó y lo volvería a votar.

-¿Hoy por hoy está cerca de Massa?

-Sí, cerca, más que nada de un equipo: Roberto Lavagna, Aldo Pignanelli, Daniel Arroyo, Gustavo Iaies, Diego Gorgal…

-¿Qué es ser peronista en el siglo XXI?

-El peronismo sigue siendo la memoria del momento más digno de la Argentina, que fue la mayor integración social de América Latina. En el continente, el país más integrado era Argentina, eso lo dejó Perón. Su espíritu sigue siendo lo nacional y popular. Pero hoy es un recuerdo, es como aquellos que no se pueden volver a casar porque la anterior pareja lo marcó. Hoy debería ser una síntesis de lo mejor del liberalismo y lo mejor del estatismo. Eso le dije una vez a Macri que tenía que hacer. Lo que intentó el último Perón, que volvió con esa idea y los idiotas de los “montos”(por Montoneros) lo enfrentaron…

-¿Quién defraudó a quién, Perón a Montoneros o Montoneros a Perón?

-La verdad es que Perón estaba viejo y solo. Lo había traicionado mi generación, a la que le dio poder y andaba a los tiros. El sabía que los Robledo, los Lúder (peronistas destacados de los 70) estaban viejos y que los nuevos éramos tontos. Esa es la verdad. Perón muere con la conciencia de que la “juventud maravillosa” era muy idiota. Y la historia demostró que fuimos idiotas.

-¿En qué lugar estaba Cristina en … ?

(Interrumpe) -Cristina siempre odió a Perón. ¡Me lo decía!“Ese viejo de mierda …” -¿Al Gobierno le falta pensamiento político y le sobra marketing ?

-Si vos tenés un Estado enorme y 20 privados, ese Estado depende de estos 20 y en lo colectivo no piensa nadie, no tenés una clase dirigente. Macri cree que nosotros somos unos giles, los que pensamos esto. Es decir, el drama de los argentinos es que los intelectuales terminamos siendo un decorado. Un decorado era Carta Abierta para el kirchnerismo. Alfonsín fue el último que tomó el pensamiento como esencial a la política.

-¿De qué vive hoy, Bárbaro?

-De mi jubilación de diputado nacional, de mis libros y además de dar conferencias. Me considero de los pocos que no mejoró su nivel de vida con la política y eso que ya en 1973 llegué al Congreso, como diputado nacional.
Un peronista histórico con novia kirchnerista
​Lleva más de medio siglo en las arenas de la política, desde la adolescencia, pero cierra los ojos y suspira profundo, como pidiendo aire a la vida, cuando recuerda lo que considera “el momento más dramático” de sus días. No fue aquel tiempo interminable como pupilo de marzo a diciembre (“Mis viejos me visitaron tres veces en cinco años”) en una escuela granja bonaerense, en la secundaria, ni ninguno de los múltiples avatares de la política de su larga militancia en el peronismo. Ni siquiera cuando un grupo de los servicios de Inteligencia lo secuestró por unos días junto al profesor Juan Carlos Gallego en 1981, en plena dictadura, y lo tuvo cautivo en un campo de General Villegas, donde le hicieron sentir el coqueteo de la muerte.

Ese instante en que la mano de Dios, en la que cree, pareció abandonarlo y sus días se adentraban en una ciénaga de espanto ocurrió lejos de las querellas de la política. Fue cuando supo que su hija Carmela tenía cáncer (Hoy, a los 40 años, no tiene huellas de la enfermedad) y en la soledad de una clínica, con su ánimo por el piso, miró a su alrededor y allí se cruzó con la ternura en la mirada indecisa de Francisco, su hijo con Down (Hoy de 30 años, “tiene trabajo y está totalmente integrado”). El hombre asertivo, el peronista de las frases mediáticas impregnadas de sentido histórico y político, sólo elevó su mirada al Cielo, como quien pide clemencia ya perdida la esperanza: “Pensé que no lo resistiría”.

Hoy la vida le sonríe, sus hijos están bien, son felices y aquel hijo de un colchonero y una costurera que fue, es requerido por su pensamiento díscolo y picaresco para poner algo de claridad en las complejas catacumbas del peronismo o en los alborotados paneles de la TV. “Estoy en un momento maravilloso, por la calle me alientan, cada tanto me putea uno…pero siento mucho placer por la vida. Conocí y hablé con Perón y además, digamos, ser y sentirme amigo del Papa me conmueve. Tengo cartas que me manda, con esa letra chiquitita…No pude hacer un matrimonio, creo que los matrimonios son la instancia superior a la soledad, pero tuve hermosas parejas”, cuenta. Su vida tiene ribetes novelescos, propios de un tránsito prolongado en la política argentina. Es sobre todo un sobreviviente de una estirpe que cree en la política como un sistema de ideas, valores y sentimientos. Acaso por eso, se trate de un linaje en extinción.

Sonríe cuando trata de explicar situaciones en que la vida y los sueños políticos se acomodaron en la calidez de la intimidad: “Lo femenino terminó siendo para mí un pedazo, alguna vieja revolucionaria, con la que nos pasamos noches hablando, un ama de casa, una intelectual. Digamos, entre los pedazos míos deben hacer un hombre y entre los de ella, yo hago una mujer.” Hoy está de novio “con una médica psiquiatra, kirchnerista”. Están volviendo de una separación fugaz: no escaparon a la grieta y, entre otras cosas, se separaron porque hablaban de Cristina y no podían evitar que volaran los platos, por así decirlo.
ITINERARIO
Julio Donato Bárbaro nació el 29 de enero de 1942, en el porteño barrio de Almagro. . Hijo de Próspero Bárbaro y Velia Reselli. Tiene dos hermanos, Néstor (ingeniero) y María (ama de casa). En 1963 fundó la Liga Humanista y en 1967 la Unión Nacional de Estudiantes. Se incorporó al peronismo en la agrupación Guardia de Hierro. Diputado nacional por el Partido Justicialista entre 1973-1976 y 1983-1985. Fue secretario de Cultura de la Nación durante la presidencia de Menem (1989-1991)y titular del Comité Federal de Radiodifusión (2003- 2008) en la gestión de los Kirchner. Está separado y tiene dos hijos. Se define como “católico” y “orgulloso amigo” del papa Francisco.

Al toque
Un proyecto: Armar un grupo orientado a pensar políticas de Estado, de largo plazo.

Un desafío: Colaborar en la construcción de un partido político con más ideas que jefes.

Un líder de hoy: Elpapa Francisco.

Un prócer: Perón.

Un sueño: Que la Argentina salga por fin de la crisis.

Un recuerdo: La vuelta de Perón.

Una sociedad que admire: La uruguaya.

Una persona que admire: El Pepe Mujica.

Una comida: El pastel de papa.

Una bebida: Vino tino, cabernet.

Un placer: Cenar con los amigos.

Un libro: Megafón o la guerra, de Leopoldo Marechal.

Una película: Amarcord.

Una serie: El comisario Montalbano, me parece genial.

Publicado el 26 de marzo de 2017.

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