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Defendió la democracia cuando venían por todo

Se fue un maestro, uno de esos que nos quedan pocos, cuyas convicciones estuvieron siempre muy por encima de sus conveniencias.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Se fue un maestro, uno de esos que nos quedan pocos, cuyas convicciones estuvieron siempre muy por encima de sus conveniencias.

Un maestro cuya vida fue caracterizada por la coherencia y una conducta que nos devolvió la confianza en la Justicia.

En el peor momento de la decadencia de nuestra sociedad los corruptos lo atacaron con saña, sabían que él era un límite a la degradación que intentaban instalar.

Fayt fue una vida entregada a una visión del mundo que la corrupción intentaba definir como pasado. Fue uno de los pocos, muy pocos que tuvo el temple y la ética para detener a los que venían por todo, a los que intentaban destruir la democracia.

Fayt estuvo muy por encima de esos cultores de la modernidad líquida que creían que ser progresista implicaba limitar las penas, devaluar las condenas.

Sufrimos el ataque de una modernidad incitada por la corrupción, que buscaba ser “legítima” y solo implicaba una degradación definitiva.

Esa invasión de la decadencia lo encontró al doctor Fayt en el ocaso de su vida, en el tiempo en que los hombres suelen no sentirse obligados a luchar.

Pero él supo enfrentar su propia limitación cronológica y ocupó el lugar de un joven guerrero en la trinchera casi solitaria de los defensores de los principios.

Se nos va el más joven de nosotros, el más fuerte y el más digno, el que supo comprometerse con los valores universales del ser humano.

Yo lo despido tan solo diciendo que de él tenemos mucho que aprender, que necesitamos luchadores de esos que nunca se rinden, cualquiera sea el poder de su enemigo.

Ese joven coherente y talentoso que hoy nos deja se llamó Carlos Fayt.

Publicado el 23 de noviembre de 2016.

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