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ARTÍCULOS

En defensa de Juan Grabois

Días pasados me encontré en un programa donde acusaban al Santo Padre de su afecto por Juan Grabois, un joven de admirable militancia con los que sufren, más allá de cómo juzguemos sus propuestas políticas.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Me resultaba una convocatoria a la ignorancia que periodistas de carrera olviden que las religiones abarcan todo el espectro de las convicciones políticas. El Papa habló con la gobernadora de Buenos Aires o con la ministra Carolina Stanley de la misma forma que lo hizo conmigo. Grabois es solidario con los caídos, asusta que no respeten ni siquiera ese acercamiento con el dolor. Que les molesten el Santo Padre y el peronismo nos daña en exceso por el parecido con los gorilas del 55, solo cambia que hoy, por suerte, la Iglesia está del otro lado.

¿Cómo definir el presente sin ser pesimista? Es complicado, estamos divididos en dos grandes fuerzas, los que apuestan a la confrontación tanto en el Gobierno como en la oposición y los otros, los que intentamos un encuentro, una síntesis superadora. Como siempre y en todos los planos de la vida, es más fácil odiar que pensar y proponer. La historia nos muestra que las sociedades solo mejoraron su nivel de vida cuando fueron capaces de integrar sus conflictos y resolverlos. Muchos se dedican a deformar el pasado para continuar una confrontación que oculte, disimule, las reales razones de nuestra caída. Los daños están a la vista, las causas son según la conveniencia del expositor.

Los halcones del Gobierno y de la oposición se enrostran el fracaso y sueñan con derrotar al enemigo sabiendo que no es posible, pero no les da para más. En el medio habitamos los que asumimos errores propios y estamos dispuestos a admitir aciertos ajenos, los que no tenemos el fanatismo como escudo para defender nuestras certezas, los que aprendimos a dudar. Se suele hablar de los tres tercios, imagen que reduce a la cordura a una situación minoritaria. Se habla, por otro lado, del crecimiento de la pobreza, ahí sí existe un tercio que crece más allá de sus adhesiones políticas.

Los que se fueron fracasaron en su sueño de imponer sus odios desde el Gobierno, pero ahora resulta patético verlos imaginar revoluciones como opositores. La corrupción puede explicar más algunas decisiones que la pretendida justicia social, los detenidos desnudan como nadie la pobreza espiritual es ese fanatismo. Y desde el Gobierno, el Presidente fue seducido por una idealización de “lo nuevo” asentada en la absurda idea que imagina a la política más arraigada en los manejos de las redes que en el dolor de la realidad. Hay muchos que siguen culpando al pasado, la mayoría asume que además vivimos el duro fracaso del presente, odios fuertes y amores débiles. El presente no suele dar para más.

Asombran los que desean ver al jefe enemigo en la cárcel, los muchos que nos interrogan sobre si “Cristina irá presa” y los que, del otro lado, responden con duras acusaciones al Gobierno en el poder. Solo con observar la televisión de ambos bandos uno queda azorado de cómo transitamos la convocatoria al enfrentamiento sin medir siquiera las consecuencias de nuestros actos.

Si en lugar de regar sus odios se ocuparan de intentar aciertos, si tomaran conciencia de que al pasado tan solo lo superan los logros del presente, si pudieran entender que culpar no sirve para evitar el fracaso, que la ausencia de talento no se combate convocando al odio, si dejaran de “ser lo nuevo”, quizás podrían aprender del ayer las duras lecciones que los errores marcan en la piel sensible de nuestro pueblo.

No son setenta años: hace cuarenta teníamos el 3% de pobreza. No hagan trampa, el dato importante es la pobreza y no el idolatrado “déficit fiscal”. Y para mí lo más importante es que la ideología no sirve para sustituir al talento. Tuvimos peronistas, radicales y hasta liberales que fueron brillantes y hoy tenemos mediocres, corruptos e inútiles de todas las tendencias. Necesitamos que el talento ocupe el lugar de la belicosidad, que el desafío de recuperar el sueño de ser una patria digna de ser vivida se imponga a la turba de asesores y opinadores.

Cierro con dos citas que reitero hasta el cansancio. Camus diciendo: “Debería existir el partido de los que no están seguros de tener razón, sería el mío” y el Maestro Marechal: “La Patria es un dolor que aún no tuvo bautismo”.

Publicado el 23 de septiembre de 2018.

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