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ARTÍCULOS

Desviaciones de la política

El discurso del presidente en el congreso sirve en parte para recuperar la esperanza, pero su optimismo es exagerado.

Por Julio Bárbaro para Los Andes

A los radicales les resulta difícil acomodarse al Pro como les pasaba a los peronistas con el turco Menem o los Kirchner. En rigor, ambos partidos fueron en su origen y en su desarrollo mucho más dignos y coherentes que sus actuales versiones. Una profunda decadencia de la política acompaña a la caída en la miseria de una gran parte de la población.

Asumamos que este proceso de empobrecimiento no se detuvo con los Kirchner y sin duda se incrementa con el gobierno actual. Si la extranjerización y la concentración no se detienen es mucha la gente que le sobra a nuestra despoblada sociedad.

Absurdo, los chinos integran decenas de millones por año, nosotros expulsamos un porcentaje importante de nuestra población en el mismo período. Claro que les compramos a ellos lo que ayer fabricábamos, ellos tienen el trabajo que les donamos de puro generosos. Esa idiotez a la que intentamos llamar pomposamente “libertad de mercado” es tan solo una variante de la limitación mental.

Nuestra pobreza intelectual nos deja en manos de dos modelos, el “liberal de los grandes negocios” y el “populista”. Es como elegir la muerte entre la silla eléctrica o la horca. Y eso sí, la política queda en manos de “los economistas”, apoyados por los “encuestadores” y los asesores de imagen que cubren el resto de la destrucción.

La estúpida idea de que todo lo que se pueda importar más barato hay que dejar de producirlo, esa imbecilidad de herederos, olvida que los ingresos y los egresos deben ser equilibrados; así un economista termina siendo un contador confundido.

Claro que la cantilena es “la carga del Estado”, cosa que es cierta a medias, porque cuando privatizamos los servicios dejamos los negocios en manos de empresas y gente de dudosa transparencia, y a cambio de grandes ganancias se generaron grandes miserias. Ese estado enorme es el resultado de ese saqueo desmesurado.

Resulta más difícil que el peronismo pague por la destrucción de Cavallo y Dromi que los liberales asuman de una vez por todas que ellos fueron la dictadura hasta que Cristina le regaló el poder a Macri.

Muchos, demasiados, votamos a Macri para salir de Scioli, que aún hoy ignoramos a qué se iba a dedicar. Pero nos duele ver que el gobierno desarrolla una soberbia desmesurada asentada en una gestión con algunos aciertos y demasiados fracasos.

El discurso en el Congreso sirve para recuperar el discurso y la esperanza: lo peor ya pasó sería lo más importante si en rigor fuera cierto.

Durán Barba es la sustitución de la política por la picardía, por la viveza, que ni siquiera es “criolla” sino adquirida en su versión “universal”. Las consecuencias están a la vista, las hinchadas se ocupan de insultar al presidente, ante el estupor de los asesores. No entienden que ese desprecio por todo lo popular que expresan con odio devaluando al peronismo, al populismo y al Papa, esa soberbia de ricos ganadores, genera una respuesta masiva y contundente.

Los pueblos respetan a los que piensan distinto, nadie puede respetar a los que solo hablan de negocios, de intereses, de deudas y suben las tarifas de los servicios públicos como si los ciudadanos pudieran ser explotados sin límites. La privatización de los servicios (ahora van por el agua) deja al ciudadano indefenso frente a las corporaciones inventadas, porque antes todo eso era del Estado, ahora para ahorrar son enemigos de los ciudadanos.

En todas las encuestas hay un dato en ascenso, y es la convicción de que tenemos un gobierno de los ricos.

Pagamos fortunas por servicios mediocres, y cuando queremos comunicarnos recibimos la cantilena grabada de “todos nuestros operadores están ocupados”. Y hasta nos atienden en otro país, ahorran a partir de que nadie los controla, ganan fortunas sin obligaciones, el Estado a veces es socio otras tan solo distraído. Tanto perseguir a Clarín nos dejaron un monstruo como Directv.

El tiempo es el verdadero enemigo del gobierno, mejor dicho, de los gobiernos, cuando las deudas y la miseria crecen y nada mejora, entonces las cosas se complican. Una economía que se acostumbra al balance negativo sabe que eso tiene un límite, es esta absurda y desigual carrera entre los acreedores y los votantes.

Juan Grabois era entrevistado por Luis Novaresio a la par que Marcos Peña lo era con Guillermo Fantino. Dos miradas sobre nuestra sociedad que deberían ser complementarias y seguían siendo antagónicas. La descripción que Grabois hacía de la crisis era indiscutible, la que Peña esbozaba de la salida dejaba demasiadas dudas, resultaba casi imposible de entender.

El discurso del Presidente es de un optimismo exagerado, pareciera que abusa de un dato innegable, el de que por ahora no hay oposición, y la que se opone a todo nunca suele servir para nada.

Y esa es la foto de nuestra realidad, la vigencia de la indiscutible decadencia enfrentando a la frivolidad de una pretendida salida. Y ni siquiera tenemos una alternativa que nos tranquilice, eso nos pasa por despreciar la política, sufrimos el castigo de su ausencia.

Publicado el 4 de marzo de 2018.

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