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ARTÍCULOS

EVITA, QUIEN QUIERA OIR QUE OIGA

Quiero aclarar un malentendido en cuanto a mis declaraciones hechas a la Revista Gente luego de presenciar las dos obras de Damonte Taborda, Copi, en el Teatro Cervantes.

Fui muy claro en mis apreciaciones, felicité la pasión y el talento de los actores por sobre una obra que, para mi entender, carece de valor más allá de la provocación.

No me molesta el anti peronismo de Copi, que también compartían Cortázar y Saer, sino aquello que desde mi punto de vista es el uso del nombre de Evita para expresar los propios conflictos del dramaturgo, en poco y nada emparentados con el personaje al que dice referirse en el título.

Siempre pensé que la provocación a veces expresa el talento, mientras en otras oportunidades sólo sirve para ocultar su ausencia, como opino que se da en este caso.

Tuve el gusto de poder felicitar personalmente a Benjamín Vicuña por su actuación. A veces los actores le dan vida a textos complicados de sostener como en este caso.

Todas las variantes son posibles en el arte y esta es mi humilde opinión sobre una forma de ver la historia que expresa el desprecio que algunos intelectuales tienen por las creencias de los pueblos.

Aquellos que desprecian las creencias de los otros no hacen otra cosa que faltarles el respeto a los que no piensan como ellos. Lo más absurdo es que algunos de ellos, como Copi, creían hacerlo en nombre de la democracia, forma de vida de la que no suelen participar quienes por formación y pertenencia social se sienten superiores.

Como decía Giordano Bruno,  “nadie puede amar la verdad o el bien si no aborrece a la multitud”.

En eso estamos.

Julio Bárbaro

Buenos Aires, 4 de agosto de 2017.