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Ganancias: por qué la actitud de Macri es mala para el país

El ataque del Presidente hacia Sergio Massa evocó una concepción del poder más apropiada para la era kirchnerista, exactamente lo opuesto a lo que prometió Cambiemos -y a lo que la sociedad clama para su unificación.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Todos prometieron superar su dolorosa vigencia, hasta aquellos que siendo ministros se dedicaron a exigirlo. No estamos discutiendo un impuesto sino el lugar de la política en nuestra sociedad. Y entonces los gritos y las ofensas son las que deberían pagar impuesto para bajar el nivel de agresión. Mauricio Macri salió a imponer una concepción del poder, tan semejante a la de los Kirchner y a la de Menem que algún analista dirá que parece peronista pero, en rigor, no logra sacarnos del enfrentamiento que nos limita, cualquiera sea la razón o la excusa que le permita confrontar con los que piensan diferente.

Aquel abrazo de Perón con Balbín que tanto recordamos intentaba fundar una sociedad distinta; si aquel encuentro hubiera dado sus frutos hoy no tendríamos un tercio de la sociedad sufriendo en la pobreza. Para ser precisos, somos sólo dos grandes sectores enfrentados con variaciones de alianzas, unos dicen que nuestros problemas tienen ochenta años -o sea que nacieron con Perón- y otros, decimos que la historia de la miseria tiene cuarenta años y que nació con Celestino Rodrigo, se hizo deuda impagable con Martinez de Hoz y se convirtió en miseria definitiva en los tiempos de Menem, Cavallo y Dromi. Y desde ya, en esa discusión real entre los nacionales y los liberales, en esa los Kirchner no tuvieron mucho que ver, ni siquiera se enteraron de que existía. Ocuparon el lugar permanente de nuestra izquierda foránea, ausente sin aviso.

Los liberales tuvieron dos ministros del atraso -Martínez de Hoz y Cavallo- mientras que los peronistas tienen dos traiciones a la historia, Menem y los Kirchner. Soy de los que dice “últimos cuarenta años”, tomo como base la destrucción del Estado y la privatización de los servicios públicos, verdadera esencia del saqueo a nuestras riquezas y a la integración social. Concesionaron todo lo rentable, dejaron a cargo del Estado a los caídos de esa batalla por el saqueo de la riqueza colectiva. Los que atacan a Perón podrán decir lo que quieran, pero lo cierto es que después de su gobierno la pobreza y la deuda terminaron siendo temas menores y eso duró con el golpe que lo derrocó, con Frondizi, con Illia y hasta con Onganía. Durante esos treinta años fuimos una sociedad con progreso, luego de ellos nació la decadencia.

Voté a Macri, prefiero una derecha democrática a una derecha agresiva y estalinista como lo fue el cristinismo. Me acerqué a Massa coincidiendo con su decisión grupal de apoyar al Gobierno en donde fuera posible y por la fuerza que le puso al enfrentar al kirchnerismo y ayudar a su derrota. No me gusta nada ver una foto donde vuelven los peores dinosaurios y se suben al que intentamos forjar como barco de la modernidad. Pero me molesta y mucho que el Presidente pierda la compostura diciendo frases que no definen a la oposición sino tan sólo su limitada visión de la democracia. Jamás la oposición puede apoyar todo, aunque tampoco dejarse sacar una foto con los restos óseos del kirchnerismo que se oponen a todo. Pero las cosas tienen que transitar por aguas más profundas y Macri no soporta convocar a la unidad nacional, imagina que eso no da votos, que tiene la receta para sacarnos él solo de esta depresión en la que hemos caído hace tiempo.

Es una idea del poder que se repite; Menem, Néstor y Cristina pensaban lo mismo, que solos podían, y de hecho estamos más hundidos que antes. Lo peor es que esa soberbia no es una virtud sino la expresión del más común de los defectos que engendra el poder. La enorme fuerza de la humildad parece ausente de nuestra política. Aportamos al mundo un Daniel Baremboin capaz de fundar una orquesta entre israelíes y palestinos y un Papa Francisco que pudo ir al Muro de los Lamentos a rezar junto a un judío y un musulmán. Pero no logramos superar nuestra adicción a la pequeñez, pareciera que la grandeza es tan sólo un producto de exportación. O para incitar nuestros rencores.

Macri se equivocó porque sus palabras pueden llegar a dar votos pero no nos dan lo que necesitamos: paz y futuro, credibilidad y convivencia para poder salir juntos de esta división que nos impone limitaciones cotidianas. Necesitamos bajar la agresión con la que nos encontramos frente a la dificultad. Hace demasiado tiempo que venimos en caída libre, que perdimos el sueño del progreso. La sociedad necesita conservar su esperanza y eso va más allá de los aciertos o errores del Gobierno, esa necesidad es hoy una definición de pertenencia política más fuerte que ninguna otra.

Y volviendo a lo cotidiano, los aciertos del Gobierno no se corresponden en nada con la dureza de sus palabras, con la soberbia de su actitud.

Los argentinos, más allá de esta ola de ateísmo agresivo que aportó la presencia del Papa Francisco entre los cultos sofisticados, necesitamos recordar aquella frase del Evangelio que expresa “el que está libre de pecado, que tire la primera piedra”. Y luego asumir la diversidad como riqueza y salir del odio como expresión de identidad. Siempre digo que amo a Borges y a Discépolo, los dos son esenciales en nuestras vidas, deberíamos forjar en nosotros el encuentro que en su tiempo no lograron tener ellos.

El mejor impuesto es el que decidamos entre todos, o al menos con una mayoría importante, que aísle a la demencia enamorada del caos. No tenemos moneda como resultado del desencuentro que vivimos. Sumando encuestadores, economistas y asesores no forjamos un destino sino apenas la medición de los vientos, asumiendo que al carecer de rumbo todos nos juegan en contra. Hay que convocar y no retar, suturar la grieta, no cambiar sus actores. Hay una única certeza, nadie resuelve esto solo. Entre todos podemos y debemos intentarlo. No es infalible, pero nos abre una posibilidad de recuperar la esperanza. En la confrontación hay triunfo o derrota electoral pero eso no sirve de nada; necesitamos recuperar un destino y eso no suele encontrarse dentro de una encuesta ni en variadas candidaturas. Para eso se necesita grandeza, esa que forjó el abrazo de Perón con Balbín, un ejemplo de esos es lo que estamos necesitando.

Publicado el 11 de diciembre de 2016.

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