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Por qué intentar devaluar a sus opositores no ayudará a Macri

El Presidente eligió el camino del enojo y el insulto para cruzar a quienes no comparten sus ideas económicas, pero los logros hasta ahora son demasiados escasos para justificar esa actitud. La mezquina estrategia de dividir el peronismo es sintomática de un Gobierno pobre en ideas.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Algunos dicen que se inició la campaña electoral. Absurdo, las encuestas muestran que la confrontación no aporta votos. Macri se enoja y devalúa a los opositores que hasta hoy lo ayudaron. Como si el capricho pudiera expresar una forma de la autoridad. Luego vuelve a su ala política, la más débil en su corazón, y la más necesaria en su Gobierno. Aflojan apenas pueden, se bajan de la agresión y se montan en la negociación. Los logros son demasiado escasos para tanto grito y docencia de política económica.

Las encuestas todavía le asignan votos a Cristina, los que ayer conducían el parlamento hoy apenas pueden apoyar proyectos ajenos. Y, como toda secta, nunca sabremos cuál es el peso de los votos que convoca en relación a los que espanta. Una foto con los cristinistas no la soporta cualquiera. Ya queda poco del aparato estalinista preparado para el saqueo y travestido para la revolución. Sus personajes sin poder sufren un patético desnudo que en nada nos recuerda a sus viejas glorias. Macri, seducido por algún asesor, intentó elegir a Cristina como su adversario y acordar con su grupo. Nada de eso pudo ser, necesitaron retornar al dialogo y la discusión con Massa que es el único que representa el otro lado del poder. Y lo importante, el cristinismo no se fortalece con las debilidades del Gobierno, su decadencia va más allá del éxito o el fracaso del oficialismo actual.

Algunos imaginan que con solo dividir al peronismo pueden ganar las elecciones, no saben que asumen el peor de los riesgos, que es perder contra nadie, una derrota de alguien que está solo en el ring. Otros sueñan con unir a todo el peronismo, un conjunto de restos que amontonados poseen la virtud de no ser nada. Rostros gastados, que ya ni soportan expresar otra promesa de algo que se nota por historia que jamás pensaron hacer. Tan ricos en dinero como pobres en ideas.

La derrota de los fanáticos abrió el espacio de la política, en cada debate surge una nueva configuración, los intereses fluyen a la par de las propuestas.

La política se recrea a sí misma. El supuesto peronismo ya nunca va a volver a estar unido; por suerte, en su origen expresó a la nación, en su final, solo a los restos de lo peor. La independencia económica fue degradada por los Menem y también por los Kirchner. A YPF la vendieron juntos, y volvieron a saquearnos cuando la recuperaron. De la soberanía política solo recuperaron la infantil confrontación con Estados Unidos para caer en manos de China, sin duda un imperialismo mucho más invasivo que el que intentaban enfrentar. Ante cualquier duda consultar con los tibetanos.

La sociedad se está comprometiendo con la política, que todavía no está a la altura de las exigencias de la coyuntura. Aprendemos sobre el dolor, uno ve a ciertos personajes intentar un retorno que solo genera rabia o pena, no entienden el oscuro lugar que ya ocupan en el pasado.

La política, ese arte eterno que tuvo algunas décadas de ausencia, vuelve con dificultades, cuesta desenterrarla de los escombros generados entre los encuestadores y los economistas. La política como espacio que se ocupa de pensar el futuro de la sociedad, ese que el Presidente pareciera dejar en manos de los inversores y algunos solo imaginan como el despliegue de su propia codicia.

Otra noticia de la semana fue el conflicto diplomático con Venezuela, que se fue quedando aislada del resto del mundo. Chávez tenía otro vuelo, aunque es obvio que el sueño del socialismo muere asfixiado por su propia intolerancia, su conflicto con la libertad. Malcorra está lejos de ser un canciller que nos permita insertarnos en el mundo a partir de nuestras necesidades. Su sueño de cargo nos llevo a algunos compromisos absurdos. El pedido por Milagros Sala es el reflejo de una limitación de nuestra política exterior. La respuesta de Macri a Maduro era necesaria. Macri es un conservador democrático, Maduro un autoritario que disfraza su ambición de “política justiciera”, de eso nosotros sabemos demasiado.

Y Su Santidad el Papa Francisco cumplió ochenta años. Más respetado en el mundo que debatido en su tierra. Le pude decir hace unos meses “soy más joven que usted y me canso de solo ver lo que hace”, y me respondió “Yo también me asombro de la energía que Dios me da”. El Papa Francisco y Daniel Baremboim, hombres que convocan al encuentro y surgieron de una sociedad incapaz de salir de sus enojos. Nuestros sabios nos trascienden, son nuestros odios los que se volvieron intrascendentes.

Necesitamos una dirigencia que reúna talento y humildad, y esencialmente, un grupo dispuesto a gobernar poniendo las necesidades colectivas muy por encima de la ambición personal. Sin dueños de verdades absolutas, sabiendo que siempre el otro tiene algo que aportar. Y terminando con estos dos bandos absurdos, unos que ven “neoliberales” por todos lados, y los otros, signados por la pesadilla de que todo lo que no entienden es “populismo”. En la dictadura se dedicaban a perseguir “gramscianos”, eran más sofisticados. Alguno que intente una síntesis. No debe ser tan difícil. Estamos ya cerca de asumir que lo necesitamos, luego será posible lograrlo.

Publicado el 18 de diciembre de 2017.

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