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Julio Bárbaro con Benjamín Vicuña: “Tu excelente actuación salva un texto provocador y sin contenido”

Invitado por GENTE, el político y escritor asistió a la polémica pieza Eva Perón –de Raúl Damonte, más conocido como Copi–, donde la abanderada de los humildes es interpretada por el actor chileno travestido. “El desafío era dejar la pasión y construir a la Evita de Copi”, explicó Benjamín. “La obra no describe a Evita, sino al autor”, señaló el veterano dirigente peronista.

Por Julián Zocchi para GENTE

Cuando salió esta obra, a nosotros los jóvenes nos causó tal indignación que fuimos a atacar la embajada de Francia y el Hospital Francés con bombas de alquitrán”, le cuenta Julio Bárbaro (75) a Benjamín Vicuña (38) sobre Eva Perón, la obra que acaba de interpretar. Todavía se escucha el bullicio en los pasillos que rodean a la sala María Guerrero del prestigioso teatro Cervantes. El actor chileno, apenas logra salir del trance que le provoca la Evita versión “drag queen” pensada por Copi, se junta con el político peronista y escritor para recibir sus impresiones sobre la obra. “A veces, el actor es más que la obra, y otras es al revés. La puesta en escena es muy buena. Y tu actuación, excelente. Pero el texto es pobrísimo. Ustedes le pusieron vida a un texto carente de contenido, que se pasa de provocación”, le dice al chileno que protagoniza Eva Perón el ex secretario de Cultura y titular del COMFER de Menem y Kirchner. Y ahora nos metemos en la charla entre Vicuña y Bárbaro.

–Benjamín, ¿sabías que la obra podía provocar estas reacciones?
Vicuña: Es un juicio de valor. El arte es absolutamente abstracto, subjetivo. Entiendo que es muy difícil, por el tamaño de la figura. El gran desafío es poder dejar de lado la pasión. Eso es muy importante. Como bien dijiste, Julio, es una puesta en escena del carajo, muy interesante como lenguaje. Y me parece que Copi se merecía esta puesta en valor de su obra.

–¿Qué elementos tomaste para construir esta Evita?
V: Justamente, el desafío fue abandonar el respeto y el cariño al tremendo referente de lucha, a esa mujer maravillosa que fue Eva, esta mujer que luchó tanto por los pobres. Salir del mito y construir la Evita de Copi. Esta mujer-hombre que está más allá de los géneros, lúcida, con terror a la muerte, con su ego…
Bárbaro: La obra no describe a Evita, sino al autor. Es un triste reflejo de su angustia, proyectada en los demás. Evita no está en ningún lado.
V: Bueno, de alguna manera sí, es el reflejo de él. Es el discurso de un exiliado, con un amor-odio a su patria.

LA VIEJA GRIETA. Desde su llegada a la vida de los argentinos, Eva Perón dividió aguas, despertó amores y odios. Evita ocupó la primera plana de los diarios del mundo, se metió en la pluma de los escritores y su figura fue ficcionada en cine, teatro y televisión. Su legado es tan fuerte que así seguirá siendo. Tomás Eloy Martínez colaboró en la construcción del mito inagotable, con Santa Evita. En Esa mujer, Rodolfo Walsh contó la obsesión del general que custodiaba su cuerpo robado de la CGT. Y, como aquí la hicieron Esther Goris en cine y Nacha Guevara en teatro, la protagonizaron Elena Roger en Londres, Valeria Lynch en México y Madonna en el musical de Alan Parker. Si hasta hubo una Evita negra, que fue Anamá Ferreira. Pero la Eva Perón que construyó Raúl Damonte Botana –más conocido como Copi– desde el exilio francés es una de las más controvertidas: una obra escrita en el París de 1970, donde el nieto del fundador del diario Crítica, Natalio Botana, presenta a una Evita travesti –interpretada por un hombre, claro está–, “mezcla de femme fatale y dictadora”, según palabras del propio autor. “Es una obra despectiva, reflejo del pensamiento de una oligarquía que desprecia a las mayorías”, nos dice Julio Bárbaro, ahora sentado en un café mientras la noche porteña de este viernes comienza a moverse.

–¿Qué le provocó como peronista la obra de Copi?
–No me produjo rechazo ni me incomodó. El toma la imagen de Evita para, debajo de ella, hacer un texto de lo que piensa sobre la vida y el poder. Pero Evita no está en ningún lado; por eso ni me molesta. Ni en la relación con Perón o con la gente, ni en sus palabras. Los ingleses, con toda la bronca que les tenemos, hicieron una obra que dan ganas de escuchar, con una música increíble.

–En algún momento, el autor asegura que no es una obra antiperonista.
–Lo único que pone seriamente es su desprecio por el peronismo. Alguna vez dijo Giordano Bruno: “Nadie puede amar la verdad o el bien si no aborrece a la multitud”. En esto están las pretendidas elites. Si yo sé que millones de personas aman a Evita, ese texto refleja mi desprecio a las mayorías.

–¿Se trata de ese famoso pensamiento burgués que reinaba en otros tiempos?
–En aquellos años había una división: los que vivían en Europa y creían que la Argentina era una colonia europea, y aquellos que luchaban por una identidad nacional. Si vos tomás a Perón y a Yrigoyen, son dos expresiones del nacionalismo contra el internacionalismo de una burguesía apátrida.

–En uno de los intervalos, la voz del autor, en francés, dice que el arte no tiene patria.
–Claro. Pero, en el mismo momento que él dice “el arte no tiene nación”, Francia tenía a Malraux, a De Gaulle, a Sartre, a Camus… ¡Qué no van a tener nación! Vos agarrás el diálogo entre Malraux y De Gaulle en La hoguera de las encinas, sobre la historia francesa, y es un maravilla. ¡Y este cachivache dice que no hay patria…! Es un tipo que no tiene identidad en la vida, ni en el sexo ni en la Nación.

–¿En otro contexto usted podría empatizar con un autor antiperonista?
–Es que la provocación intenta ocupar el lugar ausente de la imaginación. El talento y la pasión de los actores disimuló la pobreza del texto. Cortázar también era antiperonista y vivía en París, pero su talento no está en discusión. Evita hizo la historia. Igual que Borges, Marilú Marini o Marechal. Copi no.

–¿Cómo le cae que se presente la obra en este teatro, que usted dirigió hace años?
–Mirá, el autor de Los versos satánicos es un poeta mediocre, pero el hecho de que fueran “satánicos” le dieron la presencia que el genio le negaba. Y, con este triste personaje pasa lo mismo, sólo que su presencia en el teatro nacional marca una concepción del pasado y del pueblo. Esto me hizo comprobar una mirada del oficialismo que no imaginaba.

–¿Usted no vió la pieza cuando apareció en los 70’?
–¡Qué la voy a ver! En aquel momento nos dijeron que había una obra que degradaba a Evita y salimos todos. Nosotros éramos perseguidos en serio.

–¿Después de esta experiencia se arrepiente del agravio a las instituciones francesas?
–Yo no acepté la violencia de los 70’. Pero tenía 20 años y reivindico la pasión. En aquel momento, tirar una botella de alquitrán no estaba tan mal. Ellos hubieran hecho lo mismo.

Publicado el 6 de agosto de 2017.

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