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ARTÍCULOS

La corrupción vacía de contenido a la política

Con tanta tecnología moderna resultaba llamativo que nadie hubiera podido sacarle al monstruo una foto de sus entrañas.

Por Julio Bárbaro para Infobae 

Debatir sobre la naturaleza del fotógrafo es tan absurdo como encontrar la causa de la suba del dólar. Todos sabíamos de qué se trataba, tanta riqueza acumulada por años, tantos nuevos ricos y barrios cerrados, y los puertos maderos y los aviones privados, tanta riqueza con la pobreza al lado merecía una foto de su intestino grueso, de su aparato digestivo. La obra parecía pública por quienes la pagaban pero resultaba privada por a quiénes enriquecía.

Las naciones siempre generan una burguesía nacional, un sector empresario que se siente más ligado al destino colectivo que a su codicia personal. De esos supimos tener, ya no tenemos ni uno. Eso era Miguel Miranda con Perón, o Gelbard o Friguerio, o sin duda don Mario Hirsch, el último gran empresario que manejó Bunge y Born. Con la dictadura vino la muerte entre hermanos y, luego, con la decadencia de la democracia, la venta de las empresas a los capitales extranjeros. Las privatizaciones fueron a pura corrupción, todas se llevaron sus valijas de plata para darle al político su parte por traicionar a su pueblo. Carlos Menem acordó el regalo de Telefónica con el mismísimo rey de España. Ellos eran nación, los nuestros vendían lo que podían para convertirnos en colonia.

La corrupción mayor estuvo ahí, en las privatizaciones de los servicios públicos, en el regalo de todo lo rentable a los privados y los restos de todo lo que da pérdida como propiedad del Estado. Hoy los ricos ganan más de lo que generamos como riqueza, y debemos pedir prestado para pagarles el humo que nos venden. Somos un país inviable. Producimos diez y los ricos se llevan veinte. Sin deuda sufren ellos; con deuda, nosotros y nuestros descendientes.

Las empresas son extranjeras, no tienen normas que limiten su codicia, se van llevando con ellas a la misma estructura social. Y Mauricio Macri esperaba inversores, absurdo, ya se llevan lo que pueden, no hay mucho más para regalar. Pensamiento mágico, todo lo que había se lo repartieron entre ellos, ahora van a venir nuevos inversores para alimentar a los que se nos cayeron en ese proceso de quedarnos con todo. No son creyentes, pero el inversor extranjero sería un paraíso futuro. Lo mío es todo, de lo que viene, si viene, les toca una parte a ustedes.

Los Kirchner participaron de la fiesta privatista de Menem, fueron gestores de la venta de YPF, luego se dedicaron a organizar la corrupción y para mejorar su imagen convocaron a algunos restos de izquierda, de los setenta y de los derechos humanos. Usurparon los ideales ajenos al servicio de los negocios propios. Los empresarios son los mismos de siempre, coimeros desde su origen. Cuando manda la política, el empresario necesita obedecer; cuando manda el dinero, pasan a conducir al Estado. La corrupción le entrega el poder a los negocios y vacía a la política de contenido. Y los corruptos van haciendo silencio; los compañeros piensan, opinan y pelean; los cómplices callan, no tienen nada que decir. Y los partidos se disuelven al servicio de los negocios.

La corrupción original fue la que nos dejó sin sociedad, fue durante la privatización de los servicios públicos. La corrupción de los Kirchner fue un nivel superior del deterioro moral. Ahora sale a luz la podredumbre del sistema, esa que todos conocíamos pero solo sus actores podían delatar.

Que quede claro, la corrupción es atroz, pero no es la única ni la principal causa de nuestra miseria. La responsable es la concentración económica, y esa es el fruto de los noventa, de la gran corrupción institucional. Que no nos mientan, es grave pero no es la razón de todos nuestros males.

Publicado el 15 de agosto de 2018.

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