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La traición de la justicia daña a la sociedad

El presidente Mauricio Macri recorrió algunos diálogos con periodistas que definen una nueva forma de relacionarse con la sociedad.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Muestra a un Mauricio Macri más seguro de sus propuestas, más convencido del rumbo asumido. Dialogar libremente es un importante avance en una democracia donde la responsable anterior solo convocaba al fanatismo de su fuerza propia y al enfrentamiento con el supuesto enemigo. Los sectarios no dialogan, ellos eran una absurda síntesis entre lo peor del peronismo y lo peor de la izquierda. Ya el turco Menem había degradado al movimiento nacional al hibridarlo con lo peor del liberalismo sin patria. Menem nos volvió un poco yanquis y los Kirchner, un poco marxistas. Ahora, Macri expresa su proyecto y deja en claro su convicción de imitar a los Estados Unidos. Dice admirar el ejemplo de los grandes empresarios que pueden pasar un tiempo como funcionarios sin ser cuestionados por la sociedad. Lo grave de imitar al imperio es el riesgo de heredar solo sus vicios e ignorar que sus virtudes son más expresión de su fortaleza que de su filosofía. Eso es lo bueno de China, esa transparencia del poder del Estado arbitrando el libre mercado de los privados. Europa tiene otra visión al intentar contener a todos sus ciudadanos en el Estado de bienestar. Cierto que hoy Europa puede estar en crisis, pero el modelo de Estados Unidos nunca soñó con “pobreza cero”, por el contrario, los exitosos parecieran disfrutar de sus logros frente a los caídos. El mundo retorna al proteccionismo, o tan solo lo desnuda, nunca dejó de utilizarlo. Los últimos tiempos muestran la distancia entre los que concentran la riqueza y su contracara, los que se suman a la pobreza. El Presidente tiene la virtud del diálogo y el defecto de no utilizar el Estado al servicio de los más débiles y poniendo límites a los poderes concentrados. Peor aún, la mayoría de sus ministros pertenece a los sectores que el Estado debiera limitar. Con los laboratorios es una excepción, un freno a esa desmesura, cosa que los anteriores supuestos izquierdistas jamás habían llevado a cabo. Con algunos servicios privatizados, monopolios en manos de “defensores de la libre competencia”, con esos grupos las cosas tienen otro color, son los privados los que le imponen su voracidad al Estado, como si algunos intereses fueran compartidos.La libertad de Cristóbal López suena compleja, muestra el sin límite de los jueces que reiteran su concepción de la impunidad, la propia y la del reo. Difícil imaginar semejante desborde sin un guiño oficial, de esos que se hacen incluyendo la posterior condena. Solamente el alarido de propios y extraños, de los que sueñan una Justicia respetable, solamente esa reacción parecía no ser la esperada por los dos nefastos personajes que simulaban ser jueces siendo tan solo parte. Uno de ellos hasta se animó a explicarle al Presidente los límites de su opinión, como si creyera no haber transgredido el lugar de la Justicia. Existen materias opinables, hay otras que son tan obvias que no dejan margen a interpretaciones traídas de los pelos.Los diálogos del Presidente y la reacción de la sociedad frente a la traición de los jueces son datos positivos de una democracia que intenta salir del fanatismo, de ese espacio donde la duda estaba prohibida, de ese cúmulo de certezas fruto de la más pretenciosa ceguera. La oposición tarda en consolidarse, en ofrecer la propuesta alternativa que la sociedad necesita y que la angustia del presente vuelve imprescindible. Para eso se requieren autocrítica, superación de todo fanatismo y conciencia de asumir el lugar de adversario, esencial a toda democracia. La idea del enemigo y los grupos que sueñan el estallido es la eterna limitación con la que algunos sectores justifican su escasa presencia en las urnas. Sueñan ser “vanguardia iluminada” y terminan en permanente minoría. El rumbo del Gobierno lastima a muchos más de los que ayuda, la propuesta de la oposición es todavía una deuda pendiente y la angustia de grandes sectores de la sociedad es el peor síntoma del fracaso de la dirigencia política de hoy y de ayer.

Ya es hora de asumir que los fracasos y las culpas son compartidos.

El dolor de la sociedad lo muestra a las claras.

Publicado el 26 de marzo de 2018.

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