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Lanata y Grabois: sus miradas son antagónicas, pero ambos persiguen el bien común

El periodista investigó valientemente la corrupción del poder durante las últimas 3 décadas, mientras que el dirigente social dedica su vida a ayudar a quienes menos tienen. Sea cual sea nuestra opinión de la discusión de esta semana entre ellos, los argentinos debemos sentir orgullo por ambos.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Me dolió la discusión entre Juan Grabois y Jorge Lanata de esta semana, motivada como todo el mundo ya sabe por la entrevista en el programa del periodista a un menor que comentaba que consumía drogas y cometía delitos. Había un dolor compartido en las intervenciones de cada uno y dos miradas -una más justa que la otra, en mi opinión- pero que por eso no dejan de ser complementarias.

Hubo un tiempo donde me golpeó la guerra civil española, un tiempo donde tardé en tomar conciencia que había verdades de ambos bandos, donde sentí que el bueno y el malo estaban como categorías en mi mente; la realidad imponía otros criterios, otras verdades. Eso es lo malo de las decadencias, que soportan distintas miradas, pero no encuentran distintas salidas; mejor dicho, no encuentran ninguna.

Pienso que en la obra de Juan Grabois están nuestros hijos continuando una lucha por la justicia, desde una miseria mayor que la de nuestro tiempo. Me recuerdo acompañando a su padre en muchas patriadas, hasta en una entrevista en “La hora de los hornos” de Pino Solanas. Yo hablaba como católico y su padre como marxista, pero ambos soñábamos un país mejor. Y retrocedimos, hoy somos mucho más atrasados, y nos duele. Y acompañamos a Lanata en la denuncia donde jugó un papel ejemplar, imprescindible para salir de esa demencia que fue el ayer cercano. Pero me pongo en el lugar de Juan defendiendo el dolor de su gente, de aquellos a los que dedica su vida, desde una fe que hoy no juega al lado de los poderosos sino de los necesitados. Por eso hay tantos que se la agarran contra el Papa, como hoy casi no quedan marxistas, el lugar del cuestionamiento a la concentración y a la injusticia del capitalismo la expresa la Iglesia.

Soy católico y peronista, por eso me molesta el liberalismo que expresan algunos que se disfrazan de progresistas y solo son defensores de los grandes grupos concentrados. La izquierda delictiva que vino de Santa Cruz no es ejemplo de justicia y en eso, compartimos la trinchera con Lanata y muchos otros; también apoyo la democracia de Macri aun cuando estoy lejos de pertenecer al PRO. Lanata ha sido una figura clave para denunciar la corrupción y así lo viene haciendo con logros que a todos nos benefician. Grabois es un joven -ya un hombre adulto, en realidad- que dedica su vida a defender a los caídos- de los más racionales y eficientes, de los que uno siente que lo convocan a ese desafío solidario.
Me duelen las confrontaciones sin sentido, esas que tienen más que ver con el mal humor que con la verdad. La decadencia es profunda y nació de un contubernio entre el peronismo de Menem y el liberalismo de Cavallo, y esos sembraron esta miseria que hoy cosechan nuestras calles plagadas de caídos. Antes de eso Martinez de Hoz había inventado la deuda, pero eso era en dictadura y se imponía sobre nuestra impotencia. Pero lo de Menem fue en democracia y de eso hay que hacerse cargo. Que no digan siete décadas porque la miseria tiene menos, no llega a cinco, y en su situación desesperante apenas de Menem para aquí. Con Alfonsín las Cajas Pan no llegaban a un millón, hoy los subsidios pasan los ocho y ni siquiera alcanzan, que alguno se haga cargo.

Desde el 83 para aquí retrocedimos mucho, demasiado. Algunos le echan la culpa al populismo y otros al mercado, pero fueron ambos, la tarea fue compartida: el mercado se robó el Estado y el populismo nos invadió con planes de subsidios y empleados públicos. Los ricos ganan demasiado y eso es a costilla de los pobres, la distancia entre el que más gana y el que menos se volvió infinita. Producimos lo mismo, se lo llevan unos pocos. Desde el juego al ferrocarril, desde los laboratorios a las telefónicas, desde la medicina al cable, todo es saqueo y la miseria es el resultado.

La concentración de la riqueza convierte a la democracia en una farsa, y ya estamos llegando a ese resultado. Los peores son los kirchneristas, que se robaban todo y decían estar distribuyendo justicia. Pero hasta ahora los que gobiernan no avanzaron nada: la miseria es una realidad y las mejoras tan solo un espejismo.

La Argentina es un enorme transatlántico que se hunde, los de la proa perciben que se eleva y los de popa ya tienen el agua al cuello. Cuando se hunda, la proa tampoco va a quedar flotando sola, y de eso parece que no llegan a darse cuenta.

Ese niño de la dura discusión es un símbolo del nivel de la caída, con dos miradas que lo definen: el asombro y la denuncia por un lado, la solidaridad y la protección desde el otro. No son antagónicas sino complementarias y así necesitamos que se comporten. Para intentar una salida ambas son imprescindibles.

Publicado el 23 de julio de 2017.

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