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Lealtades

Años predicando que sólo la libertad de mercado generaba riqueza, bueno, ese relato se agotó, el éxito está en una dirigencia digna y talentosa, sea liberal o marxista, peronista o radical. La traición y la imbecilidad no tienen ideología, suelen invadirlas todas.

Por Julio Bárbaro para Los Andes

e me ocurre que una sociedad es más democrática cuanto mayor es el número de sus votantes independientes de una estructura política. Las encuestas difieren en resultados mientras se aproximan en el porcentaje de  los votos duros, inamovibles de cada bando, en los votos que tienen absoluta fidelidad. Serían los votos menos racionales, más unidos a una pertenencia  y  a una convicción inalterable.

El peronismo pasó por versiones liberales e izquierdistas, en rigor por varios espacios todos distantes de su propuesta original. Esto expresa que tanto Menem como los Kirchner competían con Perón y, en consecuencia, buscaban lealtades a sus personas y no a las ideas del fundador del nombre que explotaban.  Nada nuevo bajo el sol, el marxismo vivió las mismas vicisitudes, si hasta las  religiones sufren esa adaptación forzada a los elegidos de turno.

El peronismo fue defensor de la industria propia, mientras Menem vendió hasta las raíces de nuestra naturaleza. Perón estaba en contra del juego  y los Kirchner lo duplicaron. También decía que “el hombre debe producir al menos lo que consume”, era un cultor del trabajo y los supuestos herederos hicieron todo lo contrario traicionando los votos que obtuvieron utilizando su nombre. Perón forjó  ideas fundantes signado por el sueño de trascender, sólo recordamos a Menem por sus daños incalculables, y lentamente olvidaremos a los Kirchner y sus odios, supuestamente de izquierda y revolucionarios.

La decadencia real y palpable tiene cuatro décadas, no hay números que demuestren lo contrario. Si vemos imágenes filmadas de ese pasado podremos comprobar la caída desde la última dictadura para aquí, Martinez de Hoz generó la deuda, Cavallo con Dromi destruyeron el Estado, Menem y los Kirchner parasitaron la miseria convirtiéndola en clientela electoral. Hubo un Estado de bienestar gestado por el peronismo, sus mismos herederos se encargaron de destruirlo.

Ahora Macri intenta convocar inversores, cree que es un problema de orden y buenas relaciones con el mundo. Nada de eso tiene ya vigencia, cada quien defiende su proyecto de país y nosotros no tenemos un rumbo definido. La relación con China desnuda nuestra debilidad, los chinos son mucho más duros que los mismos yanquis, no creen ni en la democracia ni en la libertad.

Nos invaden con sus productos y nos aprisionan con sus créditos; al lado de ellos el imperialismo yanqui era un juego de monjas de clausura. El ejemplo del Tíbet los delata. Son antes imperio que marxistas, no creen en la libertad ni personal ni de mercado. Cristina y Macri comparten esa dependencia, debe tener más relación con intereses personales que con la defensa de la producción nacional.

Nos salvamos de ser Venezuela, pero no de depender de China, falta que nos compre tierras y termine de convertirnos en colonia. Y lo peor, que casi no se habla de este riesgo grave de terminar con una débil democracia  pero atados a lo peor del autoritarismo.

Años predicando que sólo la libertad de mercado generaba  riqueza, bueno, ese relato se agotó, el éxito está en una dirigencia digna y talentosa, sea liberal o marxista, peronista o radical. La traición y la imbecilidad no tienen ideología, suelen invadirlas todas.

No necesitamos un gobierno socialista, tan sólo uno que entienda de costos y le ponga límite al saqueo de los grandes grupos dejando en claro que a los contribuyentes ya no hay nada más para sacarles.

El consumo agoniza, la desesperanza se impone, nos piden tiempo para salir de la crisis. La inflación solo baja al costo de la caída del consumo, en ese juego no hay salida, solo un rumbo a la desesperación.

Los inversores no vienen, los ricos no derraman; las ganancias no tienen límites y los ciudadanos ya no pueden más. El espejismo se aleja en el desierto, brotes verdes en el borde del deseo, pero estamos viviendo en medio del desierto y eso mete miedo.

Macri recibió una sociedad devastada, cierto, no logró hasta ahora sacarnos del pozo y devolvernos la esperanza. Y podrán criticar “el relato” pero acepten que es imposible vivir sin un sueño, aun cuando uno intuya que el mismo es débil en sus fundamentos.

Durán Barba se asume como titiritero, pleno de soberbia y frivolidad. Él no va en nada, en nada más que su suculento salario. Pero en las difíciles se requiere de la pasión responsable de los dirigentes y no del cálculo frio y desalmado del asesor de moda. Es mediocre y agresivo, demasiado para este momento donde hace falta pasión y entrega olvidando la pequeñez del cálculo. Necesitamos recuperar lo mejor de cada propuesta para lograr reconstruir lo colectivo, apostar a una parcialidad implica insistir en la impotencia.

Han inventado un Frankenstein y perdieron el control remoto, ahora van a perder en la provincia sólo porque el asesor imaginó que agigantando al supuesto Mal ellos iban a ocupar el lugar del Bien. Olvidan que muchos los votamos tan solo para sacarnos de encima a lo peor, eso para ellos significaba una chance, hasta ahora sólo la supieron convertir en una nueva frustración.

El riesgo es nulo, si Cristina gana la Provincia igual los gobernadores la van a convertir en un símbolo del fracaso, pero Macri va a quedar golpeado, y Duran Barba habrá mostrado que los asesores de nada sirven cuando falta convicción.

Después de Cristina necesitábamos un Gobierno eficiente y con grandeza. Macri pareciera hasta ahora  no haber asumido el desafío,  estamos entre la amenaza del pasado y la debilidad del presente. Demasiado,  como para no sentirse obligado a luchar por un acuerdo politico. Lo hicimos otras veces, la realidad nos lo exige de nuevo.

Publicado el 30 de julio de 2017.

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