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ARTÍCULOS

Listas negras, futuro negro

Acusar al otro es tan propio de la naturaleza humana que ya se manifiesta en el preescolar. Es una forma de limpiar la conciencia, la propia, ensuciando la ajena.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Cristina había contratado a su servicio restos fósiles de revolucionarios fracasados, de los que defendían a Stalin más allá de vil asesinato de Trotsky. Esos soñaban una filial pueblerina de su admirada KGB. Y tenían -también- una lista negra.

Lo digo por experiencia porque estuve incluido en ella y acusado por sus alcahuetes de pertenencia internacional. Ellos iban por todo, los disidentes éramos sus enemigos y los denominados “medios hegemónicos” ocuparon el lugar en el que otrora reinara “el imperialismo”. Convirtieron el viejo edificio del Correo en su Coliseo, la arena donde organizar sus masivos festejos. Tecnópolis, en el espacio donde lucir sus supuestos logros de avanzada y la ESMA, como templo para convertir a la violencia guerrillera en el único recuerdo digno de sobrevivir al pasado.

Deformaron lo que tocaron; el peronismo, la izquierda y los derechos humanos quedaron agonizando después de semejante manoseo. Y esa derecha a la que tanto agredían y denunciaban se convirtió en alternativa válida para la democracia.

Es la lógica de la historia: una izquierda corrupta y agresiva invita a su enemigo a hacerse cargo del poder. Sólo el kirchnerismo en su decadencia podía imponer al PRO como versión de la democracia moderna. Duran Barba se sacó la lotería: tan solo con mostrar una foto de la cúpula gobernante se convocaba al voto adversario. Lo único serio de lo que acusan al Gobierno es de ser de derecha; lo más ridículo que expresan es que ellos son de izquierda. El autoritarismo y la corrupción no tienen pertenencia ideológica, las recorren a todas. Los del Gobierno son algo, ellos nunca fueron nada.

Nunca imaginaron una derrota electoral, al punto que Cristina ni siquiera asumió su responsabilidad histórica de entregar los atributos del mando.

Si recordamos el canal oficial cuando reinaban los de 6-7-8 y lo comparamos con la actual pantalla, nos queda claro de qué se trataba ese trabajo de perseguir, de acusar, de engendrar listas negras. Fueron tan dañinos que sembraron un odio y un deseo de venganza que, al expresarse hoy, ellos lo imaginan como la construcción de una “lista negra”.

Esa bronca existe y abarca la conciencia de todos los que ellos agredieron y humillaron, de los que esa pretendida KGB de alcahuetes profesionales imaginó como gente de “derechas”, como si ellos, por su voracidad y agresividad, pudieran ser signados como “izquierda”. Tan solo subsidiaron a millones de pobres mientras lavaban su conciencia de nuevos ricos. Fundaron una fe para fanáticos que encontró tierra fértil en multitud de fracasados de distintas versiones de los sueños vencidos. Usurparon al peronismo que jamás respetaron, a los Derechos Humanos que supieron negar cuando era riesgoso defenderlos y al progresismo, esa pretensión de clase media enriquecida por pertenecer al espectro justiciero. “La paja en el ojo ajeno y no la viga en el propio”, decían las abuelas de antes, esas que tejían pañoletas.

Cuando se refieren a “la lista negra” se están lamentando de haber perdido las elecciones, hecho que no esperaban que sucediera. No estaban preparados, no habían destruido las pruebas ni emprolijado las sociedades. Tampoco imaginaron la reacción de todos, de los jueces y fiscales a los que habían despreciado, así como de los gobernadores, intendentes y legisladores.

Cuando se usa el poder para oprimir, para imponer sin convencer, el riesgo eterno es perderlo porque los dañados hacen memoria y toman venganza. No sabemos si son más numerosas las causas que los sublevados, eso sí, son muchos –demasiados- los jueces y los negociados, los denunciantes y los denunciados.

De perseguidor a perseguido hay una distancia enorme, difícilmente la asuma la conciencia, le cuesta acostumbrarse. Como decía el pensador italiano, “no es cierto que el poder desgaste, lo que desgasta es no tenerlo”. El poder tiene ese defecto, impone a sus portadores la amnesia del futuro, elimina la conciencia de su finitud y las heridas que dejan sus oprobios, de la desmesurada serie de actos que ejercieron sin medir desenlaces como si todo durara para siempre. A veces las acciones oscuras suelen pagar sus consecuencias. No pasa siempre, pero cada tanto la historia se vuelve casualidad y hace justicia.

No hay una “lista negra”, hay un futuro “negro” para muchos que de sobra se lo ganaron. Y de eso, sólo ellos son responsables.

Publicado el 15 de octubre de 2017.

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