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¿En qué momento se jodió Cambiemos?

Mauricio Macri era candidato y seguro vencedor de las próximas elecciones, hoy su futuro más cierto es completar su período y retornar al llano.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Es un gobierno que se fue aislando de sus propios aliados, y es llamativo ver cómo los economistas liberales que tienen peso con sus opiniones se fueron distanciando del apoyo a sus políticas.

Tuvieron dos años de paz con la sociedad y fueron exitosos en las urnas. Luego vino la debacle, la moneda se les disolvió entre las manos y se llevó la esperanza que habían generado. A un representante del más duro poder económico es inexplicable que los bancos y los grandes grupos lo debiliten como si fuera un duro exponente del socialismo y sean ellos los que le quitan el apoyo. Hay una confusión grave entre nuestros “liberales”: de tanto odiar al Estado imaginan como positivo que el gobierno carezca de poder, de tanto imaginar la virtud de los mercados terminaron devorados por el monstruo que ellos mismos adoraban.

A los paranoicos de Cristina se les ocurre que los cuadernos son una excusa para perseguirlos; a los paranoicos de Macri les parece que el peronismo y los malos los debilitaron. Hasta algún imbécil imaginó que los verdugos eran los “bancos peronistas”. Los de Kirchner robaban y los de Macri ignoran las más elementales normas del poder, buscar culpables afuera los ayuda a mitigar y no asumir la dimensión de su limitación. La paranoia sustituye la autocrítica. Hoy tenemos dos derrotados, la grieta genera dos opciones del fracaso porque tanto Cristina como Macri representan una mitad que sueña con derrotar a la otra mitad. En ese sueño está la pesadilla que nos impide ser nación. O juntamos las dos mitades o morimos en la más absurda decadencia. Síntesis superadora o confrontación en la caída. Ambos fracasaron en su intento de exhibir un odio exitoso, el odio es siempre una variante del fracaso. Y los odiadores son simples seres destructivos que no se hacen cargo de que la obligación en las crisis es la de pacificar.

Si crecen los que sueñan con enemigos vamos derecho a una confrontación; si logramos que la cordura genere nuevas opciones, las cosas son distintas. Más de uno me para por la calle para decirme: “Apoyelo a Macri”, como si el aplauso mejorara la performance del actor. Son simétricos a los que nos acusan de “traición” por no seguir aplaudiendo a Cristina. La política tiene aciertos y errores, y no es la ideología la responsable sino la impericia. Ni por decirse peronista o progresista o de izquierda Cristina tenía derecho a dañar a la sociedad, ni por creerse enemigo del Estado Macri va a lograr que fluya la competencia de los privados. Nos hundimos desde el retorno de la democracia y no somos capaces de analizar siquiera la causa de esa caída.

Macri en la crisis se olvidó de los aliados radicales o, visto desde otra óptica, ni siquiera se olvidó de marginar a los radicales. Ni la realidad cuestiona la soberbia. El mercado no era la salida mágica para “la herencia recibida”, multiplicar la deuda a la par de incrementar la inflación y la pobreza no es tan solo culpa del pasado. Hay un enorme error propio, una falta de proyecto y un intento de sustituir a la política por los negocios que solamente puede conducir a resultados patéticos. Esa concepción de los gerentes ocupando el lugar de la política no se dio en ningún lugar del mundo, es fruto de un individualismo enfermizo que no les permite pensar en las necesidades que no son las propias.

Macri debió llamar a la unidad nacional como expresión de su grandeza y madurez. Ahora, deberá hacerlo porque es la única salida razonable. Como dicen en el boxeo al inicio del combate, “segundos afuera”. Marcos Peña y Jaime Durán Barba no tienen ya nada que decir. Solo Macri puede y debe hablar y ejecutar. Es hora de que lo haga y es su obligación hacerlo.

Publicado el 2 de septiembre de 2018.

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