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Un Pacto de la Moncloa argentino es más necesario que nunca

La visita del ilustre político y economista español Ramón Tamames a la Argentina es la excusa perfecta para recordar un hito que marcó la vida democrática del país ibérico y pensar en sus lecciones para Argentina.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Perón solía aconsejar que debíamos aprender de la experiencia ajena porque la propia siempre es dura y suele llegar tarde. Cuando en el 76 arribamos a España en nuestro exilio mientras aquí nacía la Dictadura y la violencia, ellos ingresaban al tiempo del encuentro.

Historias en contramano: nosotros salíamos de la democracia, ellos la forjaban. En mi infancia, la Guerra Civil Española estaba en el seno de mi familia, tíos catalanes monárquicos y republicanos, la Avenida de Mayo, la de la argentina rica, esa que apenas recordamos, estaba dividida entre los grupos de españoles de La gran inmigración. Los libros, las canciones, el cine, todo aquel enfrentamiento nos dejaba la huella profunda de su dolor. Una película sobre aquella tragedia que recuerdo con cariño es “Las cosas del querer”: las canciones de la guerra civil se refugiaban en nuestra memoria, con su ritmo marcial y su fuerza de mística heroica.

En nuestra juventud algunos exiliados combatientes se volvían maestros de sueños revolucionarios. Y fueron varios los que intentaron trasmitirnos sus saberes. Anarquistas, principalmente, los comunistas terminaban captados aquí por su triste y burocrático partido.

La guerra había sido cruenta en exceso, se hablaba del millón de muertos, algunos decían setecientos mil, difícil de salir de esa confrontación. Tuvieron suerte, vivían jefes dignos que habían crecido con el dolor, Santiago Carrillo, mítico jefe del comunismo, Fraga Iribarne, un franquista talentoso, y el Rey Juan Carlos, un monarca que supo acompañar la llegada del socialismo. Había sueños de trascendencia y voluntad de grandeza, superaban la confrontación habiendo aprendido que era un camino sin salida.

Ellos habían entendido que no puede haber acuerdo mientras existan quienes se dedican a agredir, devaluar o banalizar las creencias de los otros. Se puede ser peronista, radical, liberal, conservador, creyente o ateo.

Lo que no sirve para forjar un futuro de acercamiento es ser anti, cualquiera fuera el motivo de sus odios. Necesitamos que los que soñamos el acuerdo nos impongamos a los que necesitan del enemigo y la confrontación, a los que desprecian al que piensa distinto. Estuvieron cerca del triunfo, ahora es tiempo de imponer la pacificación definitiva.

Sepamos heredar el Perón del abrazo con Balbín, y no la violencia de los “imberbes” que necesitó echar de la Plaza. Los españoles tenían entre el comunismo y el franquismo, entre la monarquía y la república, una guerra donde ya era tiempo de respetar la fe del otro. Y lo más importante, poner la nacionalidad por encima de la ideología. Creo recordar a Fraga Iribarne presentar a Santiago Carrillo diciendo, “un señor con quien por ser comunista no tengo nada que ver, pero por ser español lo considero el mejor comunista del mundo”.

Un millón de muertos entre monárquicos y republicanos, muchos como Felipe González renunciaban al marxismo, otros como el sabio profesor Tierno Galván, se negaban hacerlo y llegaría a Alcalde de Madrid. Había muerto Franco, nacía el sueño de grandeza y amor a la patria, y la conciencia asumida en el dolor de que sólo juntos forjaban un futuro digno.

Tenían suerte, estaban vivos y lúcidos los jefes, en nuestro caso es muy complicado que la memoria la expresen los deudos. Y esa dirigencia con su estatura pudo desarmar esos odios de décadas, estaban fundando una nueva sociedad. Los ayudaba -y mucho- el sueño de ser Europa.

Para forjar un futuro digno hay un solo camino y es entre todos. Y hay un solo enemigo, son los que no pueden vivir sin sus odios, los que explican todo lo malo a partir de acusar a los demás. Las culpas son compartidas, las soluciones también necesitan serlo. Las políticas de Estado van a exigir a muchos limitar su codicia, habrá que explicarles que no queda otra salida.

El profesor Ramón Tamames tiene una historia maravillosa, marxista que supo convertirse en actor principal de un acuerdo con temas puntuales, con las dificultades de tener una inflación parecida a la nuestra, con dirigentes gremiales con años de cárcel y persecución, luchadores de los que no daban concesiones, republicanos que necesitaban aceptar a un Rey, con cada quien renunciando a algo para forjar la fuerza del todos.
Tamames habló esta semana en el Senado invitado por Miguel Ángel Pichetto; lo acompañaba Ernesto Sanz, junto con Federico Pinedo y yo, que simplemente tuve el honor de coordinar.

Ecuchaban atentamente Gabriela Michetti -en ejercicio de la Presidencia- y una audiencia numerosa y selecta de argentinos de todos los colores políticos que aplaudían con pasión el relato que Don Ramón hacía de aquel acuerdo ejemplar. Y esa misma mesa, con la presencia del PRO, el peronismo y el radicalismo, era una clara expresión de que un acuerdo trascendente hoy es posible.

En la convocatoria y el aplauso apasionado reinaba la sensación de que ese encuentro estaba a nuestro alcance. Después de las elecciones, sin duda se convertirá en una salida necesaria, quizás imprescindible. No hay otro lugar desde el que podamos recuperar la esperanza.

Publicado el 18 de mayo de 2017.

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