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Quiero ver preso a De Vido, pero el verdadero problema de la Argentina es económico

El juego es corrupción social y económica, explotación de la debilidad del ciudadano y no existe sin retorno al poder político. Luego, podemos debatir quién se la lleva, pero ese tema es solamente un detalle que logra continuidad en los gobiernos.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Nuestra sociedad se viene desintegrando desde hace cuatro décadas. Que no digan siete, es falso, decadencia en serio hay desde el último golpe de Estado, o un poco antes, con la destrucción de Celestino Rodrigo.

Si tomamos puntualmente la miseria, veremos que es la contracara de un enorme enriquecimiento de otros sectores y que no es la producción la que bajó su nivel sino esencialmente la distribución de la riqueza la que cambió de manos. En esa distribución hay elementos de corrupción junto a otros, muchos, que han ido logrando su nivel de legalidad.

La destrucción del Estado llevó a convertir hasta los ferrocarriles en una falsa privatización. Fue la entrega a una gerenciadora del dinero del Estado para que, con la excusa de administrarlos, les permitiera un permanente retorno al poder de turno. Se privatizaron los aeropuertos, donde el monopolio es absoluto y el negocio es, en consecuencia, de pura prebenda. Cuando no hay competencia, debe imponerse el Estado. Lo absurdo es que repartieron todo lo que daba ganancia y le dejaron al Estado todo lo que daba pérdidas. Hasta las jubilaciones las querían para ellos, el Estado se hacía cargo de pagarlas y ellos, de cobrarlas, con el cuento de que algún día, cuando terminaran de juntarla, las pagarían ellos. Puro saqueo al Estado. Robo descarado a la sociedad, y con voto del Congreso y legalidad en la estafa.

Pensemos en los teléfonos: la empresa fue regalada a una empresa extranjera, quien ganó fortunas sin haber invertido casi absolutamente nada. Los hermanos uruguayos la dejaron en manos del Gobierno. Ellos intentan forjar una sociedad más justa, nosotros estamos en otra cosa. La electricidad, el gas, todo lo que el Estado había creado terminaba en manos privadas. Hasta las rutas las construía el Estado y el peaje lo cobraban los privados. El cuento era ahorrar en gastos, o sea, la consecuencia es el saqueo de nuestras riquezas.

La televisión, que era gratuita, lentamente se fue convirtiendo en paga, sin que exista una gratuita accesible. Propuse muchas veces obligar a las compañías de televisión por cable a dar un grupo de señales sin costo para los que no pudieran o quisieran pagar. Donde hay una necesidad hay un derecho, para los Kirchner habría un negocio. Y gastaron fortunas en algo que está más cercano al absurdo que al servicio. Eso sí, con sólo mirarlo el resultado es confuso pero el negocio salta a la vista. Y solamente emitía señales oficialistas, a los necesitados les intentaban sumar el aburrimiento.

Fabricábamos trenes, aviones, terminamos importando hasta los durmientes de China… Si eso no es vocación de colonia y de coima, que me cuenten el cuento de la revolución socialista de nuevo, que se me olvido un capítulo. Mientras imaginan que la libertad de Milagro Sala les devuelve la aureola de progresistas, son patéticos.

El juego es corrupción social y económica, explotación de la debilidad del ciudadano y no existe sin retorno al poder político. Luego, podemos debatir quién se la lleva, pero ese tema es solamente un detalle que logra continuidad en los gobiernos. Como las usinas nucleares con los chinos, en esos detalles parece que no se alteran los modelos coloniales.

China ocupa hoy el lugar que Inglaterra ocupó ayer, el debate de ser nación o colonia sigue vigente: los ingleses nos compraban la lana y nos vendían el pullover. Los chinos nos compran el grano y nos venden el tren. Miseria y dependencia, esa es la corrupción que asusta, la de verdad.

No hay inversión que nos saque de este pozo. O volvemos a discutir sobre el saqueo de los grandes grupos, desde los bancos hasta los supermercados, desde los laboratorios hasta los servicios, o vamos camino a una crisis, porque el ciudadano no puede aportar más nada, ya paga tarifas sobre el hambre de sus hijos. Y los grandes se la llevan como en los finales del 2000, cuando todo terminó en estallido.

La corrupción tiene rostros, pero es sistémica. La concentración de la riqueza nos convierte cada día en más pobres, nos degrada y se nota, en las calles y en la ropa, en los locales vacíos y la desesperanza colectiva.Los Kirchner vendieron desde el Banco de Santa Cruz hasta YPF, que luego de quedarse con una fortuna de ganancia volvieron a nacionalizar. La dirigencia política y sindical, empresarial y judicial, ese extracto superior de nuestra sociedad se dedica a acumular mientras la sociedad se empobrece. No es un partido, es un sistema.

Me gustaría verlo preso a De Vido, pero lo importante, lo que en serio nos permitiría ser otra sociedad, es si él o uno de ellos nos delata el sistema, nos cuenta el saqueo y cuántos participan de la fiesta. Brasil tuvo esa suerte, nosotros todavía no. Algunos presos servirían para sacarnos la bronca, pero sólo si uno los delata, podríamos iniciar el camino a una nueva sociedad. Como la teníamos hace cuarenta años y nos la robaron por pedazos.

Publicado el 30 de julio de 2017.

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