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Una oferta que no pude rechazar: por qué acepté integrar el nuevo PJ

La justicia nombró a Luis Barrionuevo como interventor del Partido Justicialista. Nos invitó a Carlos Campolongo y a mí a acompañarlo.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Acepto sin dudar. Años sin pisar el partido, años marginados y expulsados por personajes que poco o nada tenían que ver con el peronismo (la mayoría de ellos ni siquiera respetaban nuestra historia). El movimiento nacional – en esencia el radicalismo y el peronismo- hace tiempo están en crisis, todo intento de devolverle su contenido es un desafío convocante.

Luis Barrionuevo es un sindicalista enamorado de la política, de esos que en el sindicalismo quedan pocos, entre los empresarios no hay ninguno, y en la misma política los cargos se han convertido en más importantes que las ideas. Barrionuevo no responde a los cánones del progresismo en boga, el mismo peronismo por historia y legado está lejos de ese novedoso universo. Lo acusan de haber quemado urnas que no existieron, en tiempos que abundan los incendiarios de ideales que pocos o nadie acusa.

Un poco de historia

Nacimos en el seno de la clase trabajadora, fuimos derrocados diez años después en nombre de la democracia de los ricos y elegantes, que luego hicieron lo mismo con Arturo Frondizi y con Arturo Illia. En el 66 ya asumen ser antidemocráticos y en el setenta y tres volvemos a ser gobierno hasta la muerte del General. Somos la continuidad del Radicalismo, FORJA fue el eslabón que unió nuestras historias. El General Perón en su retorno le entrega una enorme cuota de poder a mi generación, no tuvimos una conducción lúcida y la gran mayoría imaginó que el poder estaba en la boca del fusil. Ese error marcó la tragedia que ejecutó la más horrible dictadura. En el retorno de la democracia fuimos derrotados y no estuvimos a la altura de construir una alternativa opositora. Después volvimos a ser gobierno pero sin duda perdimos el rumbo: dejamos de ser el movimiento nacional y popular para dejarnos inficionar por el economicismo que nos llevó a privatizar los servicios públicos generando una sociedad marcada por la decadencia. La dictadura fue el origen de la deuda y la pobreza; el gobierno de Menem profundizó esa decadencia. Néstor Kirchner tuvo un gobierno digno que nos sacó de la tragedia de la deuda, Cristina siguió esa línea en su primer gobierno siendo el segundo un camino hacia la confrontación que fue dañino a la misma sociedad. Perón se había abrazado con Balbín, ese ejemplo era el obligado, Cristina eligió el ejemplo de los que el General había expulsado de la plaza. Ese era el rumbo seguro a la derrota, reconstruir una alternativa democrática resulta hoy el único camino para recuperar la vigencia histórica del movimiento nacional.

Por una esperanza popular

Soy católico y peronista, heredero de una identidad cultural basada en la clase trabajadora, consiente de haber nacido en una sociedad a la que las luchas populares del radicalismo y el peronismo juntos con otros sueños de justicia habían convertido en la más integrada del continente. También soy consciente que los intereses económicos y sus gerentes sembraron miseria en la misma medida en que expandieron sus ganancias. Suelo decir que nacimos soñando la integración de la vieja Europa y agonizamos imitando la injusticia social del gran país del norte. Mientras la ganancia no tenga límites tampoco los tendrá la miseria. El Estado debe imponerle límites a los grandes grupos y defender a los ciudadanos, lo opuesto de lo que hace hoy el gobierno de Macri. Cristina Kirchner debe ser superada para que el movimiento nacional vuelva a ser una esperanza popular. Por eso acompaño a Luis Barrionuevo, y a todo intento de reconstruir la política para forjar un futuro más digno que el actual.

El autor de la nota es el nuevo coordinador político del Partido Justicialista.

Publicado el 20 de abril de 2018.

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