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De Vido y la degradación de la política

El ex ministro de Planificación del kirchnerismo es un símbolo de lo más oscuro de la política y el reparto de negocios para beneficiarse con el Estado.

Por Julio Bárbaro para Infobae

En el retorno de la democracia apareció la figura del operador, personaje que podía ocupar un cargo o no, pero dejaba en claro que su misión era la de acomodar el poder político a los intereses empresarios. De esos surgieron muchos, más oscuros o visibles, elegantes figuras que parecían gerentes de relaciones públicas cuando eran en realidad tan sólo coimeros de lo público. Ese personaje se fue convirtiendo en institucional; con los Kirchner su poder llegó al paroxismo, los dineros del Estado pasaban casi siempre por sus manos y servía para todo.

Fundaron universidades para expandir su ideología y sus negocios, hasta los rectores, los decanos y los docentes pertenecían a la tribu que parasitaba el Estado. Todo fue deshonrado en nombre de lo nacional y popular. Degradaron al peronismo, al que odiaban y a la misma izquierda, a la que muchos habían pertenecido. Indefendibles, sólo les queda la excusa de enfrentar a la derecha, que ni siquiera es tan derecha, como ellos tampoco tuvieron casi nada de peronistas ni de izquierda.

Los personajes oscuros eran los verdaderos dueños del poder, desde los ministerios hasta los servicios de informaciones, desde los medios de comunicación del Estado hasta los planes sociales. Todo era fanatismo y corrupción, con algunas excepciones, algunos que creían en el relato en serio, pero esos no eran los que mandaban.

No era un proyecto político con algunos baches de corrupción, era un proyecto corrupto con algunas justificaciones políticas. Y todos se fueron devaluando en torno a la figura de Cristina, que, impiadosa, no dejó dignidades ni leales dignos de respeto, que sin límites humilló a todos.

Es la triste despedida de un personaje pasajero. Para los gorilas Cristina sería un ejemplo de eso que llaman “populismo”, ni ellos ni mucho menos Cristina aceptarían que el general Perón demuestra con el paso del tiempo ser un líder popular. Como Gardel, que cada día canta mejor.

La guerrilla uruguaya hizo su autocrítica, ganó elecciones y no tiene en sus jefes ninguna corrupción. En Chile fue un proceso similar. Aquí todo es chanta: desde la conducción de la guerrilla, que es impresentable, hasta muchos que se dicen sus seguidores para vivir de ese recuerdo.

Julio de Vido es un jefe, como Carlos Zannini; esos vienen de muy lejos en el tiempo, desde cuando se ocupaban de privatizar YPF y regalar el Banco Provincial. Desde esos negocios tan desmesurados como infames a la patria como el juego, que duplicaron sabiendo que es una caja negra del poder político. También la multiplicación de empleados públicos y subsidios que distribuían para contener a los caídos de un país sin industria.

El actual gobierno es de derechas, cree que la concentración de lo privado es el signo de los tiempos, que los inversores son mecenas y que la riqueza derrama. Eso es irracional porque “el derrame” es “se llevan todo” y ganan fortunas que ni siquiera imaginamos. Claro que Cristina también es de derechas, siempre lo fue, desde los tiempos de la dictadura hasta cuando gobernaron su provincia. Siempre cobraron peaje y se quedaron con todo, y en eso un De Vido es una figura clave del reparto de negocios y la construcción de un poder para el Estado como camino a sus propias arcas.

Lo malo es que fueron miles los empresarios que arreglaron, demasiados para que nadie abra la boca. Y los políticos y los sindicalistas, demasiados, tantos como fortunas surgieron en los últimos años, esas que son la contracara de la miseria.

Con Carlos Menem se inició la decadencia democrática, continuación de la dictadura de José Martínez de Hoz; los Kirchner no modificaron nada, sólo el relato, no recuperaron industrias ni líneas ferroviarias, sólo discursos, mentiras para todos los gustos.

Y con muchos cómplices y mucha caja el silencio estaba asegurado. Los jueces se llevaban una parte del botín, Roberto Dromi seguía en vigencia, todo era usar el Estado al servicio del poder de turno. Los Kirchner son la continuación de la entrega menemista con barnices revolucionarios. Dos décadas de crecimiento de la pobreza y la miseria, de la deuda y la inflación.

De Vido es un símbolo y sabe demasiado, no solamente del kirchnerismo, demasiado de la misma realidad nacional, de ese vaciamiento del país que nos ha quitado la esperanza, que nos ha dejado sin destino.

Publicado el 9 de julio de 2017.

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