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Votando

Por Julio Bárbaro para Los Andes

La publicidad electoral satura -es demasiada y la conocemos de memoria- no creo que nadie cambie su voto por el mero hecho de verla. Me habían invitado a Intratables para el 17 de Octubre, unas horas antes dieron la noticia del encuentro de un cuerpo que podía ser el de Maldonado. Fue duro, hablar de algo que uno ignora.

Era como hacer una “composición tema” en la secundaria, nos daban un título y el resto era pura imaginación. No me gusta ese lugar de opinar sin saber, sólo por pertenecer a los defensores del Gobierno o a los enamorados de la revolución. Ocupar un lugar desde el cual uno emite opiniones pre cocidas, encuadradas en el espacio que ocupamos en la supuesta grilla política.

Hay gente que ya se ubicó cercana al fanatismo, que antes, enfrentando a Cristina coincidíamos, y ahora se vuelve más complicado hacerlo. Hay algunos que están excesivamente apasionados por defender al Gobierno. No está mal, solo que estoy convencido que no nos sirve.

Aparecen de golpe los que defienden al gobierno con exceso de esa pasión que tanto daño le hizo a Cristina y a sus seguidores, con ese fanatismo que cubre casi siempre la debilidad de las ideas.

La política necesita racionalidad, es lo que más ayuda a los que gobiernan. Apoyo crítico, convicciones democráticas. Hacer anti peronismo no les sirve de nada, toda confrontación sin ideas termina convocando a lo peor.

Los kirchneristas se van disolviendo de a poco, en la retirada hay desertores, y la masa de oportunistas toma distancia. Cristina dio cuatro entrevistas, la última en Canal 11 y una discusión exagerada entre los que pedían al periodista “ir hasta el hueso”; los que sabemos que entrevistar es respetar, siempre, y no se puede hacer desde la agresión al invitado.

Novaresio fue el primero, la cantidad de agresiones que recibió muestra la enfermedad de la sociedad. Lo acusaban de haber estado concesivo, de no haberle pegado. Lo mismo hicieron con todos, absurdo, hay gente que no entiende cuál es el lugar del otro. De los dos lados hay quienes odian tanto que no forman parte de la democracia, son inadaptados. Y se creen demócratas.

Cristina hablaba sin que le pregunten, sin necesidad de que la agredan. No hay conciencia del lugar del otro: todo es desde mí, como lo haría yo, sin asumir mis propias limitaciones.

Hay gente que hoy se ubica cercana al fanatismo, que antes, enfrentando a Cristina coincidíamos, y ahora se vuelve más complicado hacerlo. Aparecen de golpe los que defienden al gobierno con exceso de esa pasión que tanto daño le hizo a Cristina y a sus seguidores, con ese fanatismo que cubre casi siempre la debilidad de las ideas. La política necesita racionalidad, apoyo crítico, convicciones democráticas. Hacer anti peronismo no sirve de nada, toda confrontación sin ideas termina convocando a lo peor.

¿Por qué el papa Francisco no hace lo que yo haría en su lugar? La respuesta es simple, casi tonta, porque si así fuera no hubiera llegado ni a párroco.

Los que acusan al Papa de kirchnerista olvidan que cuando hubo que enfrentar y éramos pocos, muy pocos, el cardenal Bergoglio estaba en primera fila. Y ahora no puede quedar de un lado de la grieta, y entonces se enojan porque le manda un rosario a Milagros Sala.

Hay muchos que no tienen conciencia de la limitación de sus ideas. Acusan a los votantes, recuerdan los votos de Cristina, olvidan que del otro lado no había nada serio para votar. Eso no lo tienen en cuenta. No ven esa realidad donde no hay propuestas políticas dignas de ser votadas.

 Hay discursos racionales e irracionales más allá de cuál sea la ideología en juego. Hay peronistas impresentables, ahora les piden que no se muestren, saben que son “piantavotos”. Pero todos tienen sus espantapájaros, sus impresentables de turno. Y no somos una sociedad políticamente formada, no tenemos un nivel digno de orgullo. Uno escucha frases, consignas, propuestas, que no soportan el menor análisis.

El dolor de Maldonado nos pone frente al dilema del uso de la tragedia como instrumento político. Nada nos une, solo coincidimos en la decadencia como hecho indiscutible e innegable; luego viene el debate sobre el origen, sobre sus causas, y entonces surge el griterío donde nadie se escucha.

Menos mal que Perón murió como Presidente y siendo un símbolo de unidad. Así y todo hay demasiados que no soportan su existencia, como si del otro lado del peronismo y del mismo radicalismo hubiera existido una opción política digna de ser votada. El peronismo tuvo virtudes y defectos, pero su permanencia se basa hasta hoy en la ausencia de otras opciones.

En rigor Macri es el primero capaz de forjar una propuesta conservadora moderna. Y festejan éxitos antes de obtener logros concretos y se enamoran del gobierno como si no fuera necesaria, imprescindible, una oposición democrática.

Frente a la desaparición de Maldonado el Gobierno no estuvo a la altura de las circunstancias, soportar que un personaje menor titulara “Macri ya tiene su desaparecido” es imaginar que la política permite dejar de lado las obligaciones que impone la misma democracia. Hay restos -supuestamente- revolucionarios que sueñan con un estallido social frente a quienes el Gobierno y la oposición democrática deben imponer los límites.

El mero hecho de que se atrevieran a utilizar la palabra “desaparición forzada” no es tan solo una banalización del mal, es mucho peor, es el turbio intento de seguir parasitando un pasado que deformaron y que no podemos dejar que parasiten libremente. Los derechos humanos no pueden seguir siendo la reivindicación de la guerrilla. Y poner límites es responsabilidad de todos.

Publicado el 22 de octubre de 2017.

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