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Ya superamos al cristinismo, ¿cuándo superaremos la grieta?

Quedó demostrado en las PASO que la ex Presidente es apenas la líder de una facción minoritaria y limitada a un puñado de distritos. Es momento ideal para dejar atrás el odio entre los argentinos.

Por Julio Bárbaro para Infobae

Son dos equipos bien definidos y se los conoce por sus palabras. A varios de sus integrantes también por sus hechos, pero estos suelen ser todavía menos rescatables. Unos tienen en claro que el enemigo es el “populismo” y la corrupción; todo lo demás son detalles. Los que se enriquecieron con lo ajeno de manera legal, esos que son los verdaderos culpables, son el sostén ideológico de los acusadores.

Los otros también la tienen clara: el enemigo es el “neoliberalismo” y desde ya, el imperialismo en su antigua versión yanqui (los chinos no los asustan porque dicen haber sido comunistas). En su versión más imbécil se animan a cantar “Macri, basura, vos sos la dictadura”, aunque no se sabe si porque no creen en la democracia o tan solo porque imaginan seguir viviendo de ese pasado del que fueron totalmente responsables pero inventaron un relato según el cual no tienen nada que ver. Convirtieron a los Derechos Humanos en una reivindicación de la guerrilla y con esa deformación continúan su tarea de intentar degradar la sociedad.

Lo bueno de las elecciones es que los dejaron a todos medio contentos y medio asustados. El Gobierno tiene una primera minoría organizada y la oposición un ejército desmoralizado y plagado de desertores. Eso sí, ambos se acusan de tener dos tercios en contra, aún los cristinistas que ni siquiera llegan al veinte por ciento.

El Gobierno tiene más provincias y en consecuencia mayor número de legisladores. Los gobernadores no logran superar su histórico egoísmo y muchos deambulan en busca de un nuevo lugar para usurpar, en nombre de la política, profesión de la que viven sin conocer y ni siquiera respetar.

Lo malo es que no estamos superando la grieta sino tan solo cambiando de lugar a sus actores. Los que ayer perseguían hoy se dicen perseguidos; los que eran agredidos hoy gobiernan. Entre los nuevos gobernantes, hay muchos que imaginan poder terminar con los vicios del kirchnerismo y de paso sacarse de encima al peronismo y a la misma política. Como si al no tener una clase dirigente con grandeza la pudiéramos sustituir por un grupo de gerentes tan eficientes como carentes de responsabilidad sobre las necesidades colectivas, convencidos que con el desarrollo de la codicia individual se puede imaginar el futuro.

El Presidente y el Gobierno piensan que la suma de las inversiones en los negocios alcanza para ocupar el lugar de la política. Por eso esperan al “inversor”, individuo cuya pasión por la ganancia nos otorgue un rumbo para el futuro común. Como si estuviéramos “esperando a Godot”.

Los que se fueron habían destruido los instrumentos para medir los índices: era el fruto lógico de su fanatismo, pasión donde la realidad no superaba el lugar de la molestia. Los que llegaron observan desde arriba las mejoras que acompañan a su sector, a los negocios, mientras siguen expandiendo los subsidios a los pobres sin siquiera asumir que las riquezas de los vencedores tienen directa relación con las miserias de los derrotados. Así y todo son mejores que los que se fueron.

El cristinismo fue atroz al llevarse puesto el peronismo y a buena parte de la izquierda en su desesperación por conservar el poder a cualquier precio. “Medios hegemónicos”, el nuevo mal según inventaron ellos, que se quedaron años con todos los medios para facilitar el triunfo oficial. Los que cortan las calles y anuncian tempestades, esos cada vez tienen menos votos. Uno podría llegar a pensar que son un invento de la derecha para imponer la idea de que no hay otra salida. Si la cordura es conservadora y la demencia se apropió de la justicia social, como dirían en España, “estamos fregados”.

Hasta ahora votamos más cabalgando los odios que los aciertos. Porque los que odian a los que gobiernan ni se animan a mencionar los logros de los que se fueron, no existían. Y los que odian a los que se fueron apuestan a futuros aciertos de los que gobiernan, todavía más parecidos a espejismos que a lagunas en el desierto. Daños indiscutibles, culpas en discusión, decadencia a toda orquesta.

Y cuando se agote Cristina renacerá la política, resurgirá una oposición que ocupe el lugar de alternativa democrática. Hoy no parecen estar interesados ni Macri ni Cristina en lograrlo, pero la confrontación no permite desarrollarse a ninguna sociedad y suele terminar en tragedia.

El maestro Clausewitz decía que “la guerra es la continuación de la política por otros medios”. Únicamente superando la guerra podremos retornar a la política, lo otro es un camino a la decadencia, no tiene vencedores, solo una paulatina y firme expansión de los caídos, de los derrotados.

Publicado el 27 de agosto de 2017.

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