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Zaffaroni, el perfecto antihéroe

Cada uno es responsable de su imagen, de la forma en que se instala en la sociedad.

Por Julio Bárbaro para Los Andes

El Gobierno anterior había gestado un mecanismo que ignoraba la negatividad de sus propios personajes que, finalmente, lo llevó a forjar una segura derrota. La figura de Aníbal Fernández resultaba difícil de ser votada aun para muchos peronistas. Y vino la derrota. Los generosos se la atribuyen al talento de Durán Barba. Los que entendemos algo del asunto sabemos que Cristina misma se ocupó en forjarla a su medida.

Ya había pasado con la retirada del oscuro y nefasto “turco Menem”, como todo mediocre intentaba no ser heredado por su propio partido con la pequeña mirada de intentar no ser superado.

Cristina repitió ese mecanismo, no quería herederos, los despreciaba. Nunca respetó a Daniel Scioli y se ocupó de hacerlo público. Nadie llegó al poder de rodillas, Scioli necesitaba ser él, diferenciarse, no se animó y quedó en el camino. Humillarse lo llevó hasta la misma candidatura, no poder salir de ese lugar le impidió ser Presidente.

Fue una suerte para todos, hasta para él mismo. Lo otro hubiera sido peor. Esa es una de las pocas virtudes del actual gobierno que siguen vigentes.

Zaffaroni ocupa el lugar del anti héroe, el del villano. Antes algún distraído le asignaba talento y formación, hasta lo ponderaban como “un jurista”, pero él mismo se ocupó de terminar siendo lo que es: un personaje triste y gris convertido en una carga para su propia gente.

Defender a Zaffaroni no es fácil, casi no es posible; uno los ve a los agresivos y seguros militantes de ayer retrocediendo en chancletas cada vez que les tiran la historia del supuesto “jurista” por la cabeza.

Las tiene todas, la dictadura en versión doble y libros con su firma que la defienden, prostíbulos propiedad de un juez, fallos atroces que lo ubican en el lugar del perverso y frases que desnudan tanto su inmadurez como su indignidad. Eso es lo que nunca tuvo, dignidad, no puede hacerse cargo de su propia historia porque es la de un verdadero oportunista.

Claro que los Kirchner tampoco tuvieron una conducta digna de ser defendida en la dictadura. Son parecidos, sobreactúan siempre, se adaptan y exageran virtudes del presente, como si con eso lograran limpiar las manchas del pasado.

La foto de la unidad del peronismo fue mucho lo que desunió. Amontonar funcionarios no implica definir proyectos, por el contrario, muestra la incoherencia del peronismo que nunca se autocriticó ni de la violencia de los setenta, ni de la venta del país que hizo Menem, ni de la reivindicación de la confrontación en contra del mensaje del último Perón que hicieron los Kirchner. Y de la miseria que avanzó en las últimas décadas hay una parte importante que es fruto de nuestros errores, y eso hay que asumirlo.

Macri perdió el encanto, esa esperanza de que su mera presencia atraería inversiones y frenaría la inflación; ese sueño de los ricos de ser los más inteligentes chocó contra la realidad.

La riqueza personal es parte de la codicia, los logros de las sociedades exigen trascender al individuo y buscar el bienestar colectivo. Macri y su grupo no logran ese salto, ese nivel donde olviden sus negocios para pensar en la gente.

Tienen defensores y hasta buena voluntad en muchos casos, pero les falta la pasión por la política, que en rigor es voluntad de trascendencia. El empresario poco o nada tiene que ver con el político, son dos vocaciones distintas, la mayoría de las veces antagónicas.

Las figuras se van desdibujando, la inflación se les escapa de las manos, siguen subiendo tarifas obedeciendo exigencias empresariales. Así y todo insisten con privatizar el agua, otro castigo que va a caer sobre el ciudadano.

Y no tienen suerte, la sequía es un problema, las tasas en el mundo, otro y estamos tan solos como con Cristina, con la diferencia que ahora invitamos a todos a que nos visiten, a que inviertan, pero parece que no se dieron por enterados.

Zaffaroni comete el absurdo error de imaginar que si se termina Macri vuelven los amigos de él, y Macri sigue convencido que con ser mejor que Cristina -o mejor dicho que Scioli- alcanza.

La democracia no está en discusión, el modelo económico no es el único que puede formular un gobierno, ni siquiera el actual. Se necesitan profundas correcciones, y principalmente que llegue el momento en que se les exija un esfuerzo a las empresas porque el ciudadano no da más. Las tarifas no pueden crecer sin parar, es hora de cambiar la propuesta. Es necesario recuperar la esperanza.

Publicado el 18 de febrero de 2018.

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